Crónica Roja: su lealtad es incondicional hacia el Deportivo Cuenca

La barra Crónica Roja es la más representativa del Deportivo Cuenca. XCA

Hay historias que no se escriben solo con triunfos, sino con constancia. La de la Gloriosa Crónica Roja es una de ellas. Este 2026, la barra más representativa del Deportivo Cuenca cumplió 25 años de vida, consolidada como un símbolo de identidad, pasión y lealtad en el fútbol ecuatoriano.

Su origen se remonta al 20 de marzo de 2001, cuando un grupo de jóvenes cuencanos, motivados por el ambiente vivido en un partido de la selección ecuatoriana, decidió trasladar ese fervor a su ciudad. La idea era clara: formar una barra que aliente los 90 minutos, sin importar el rival, el resultado o la distancia.

El debut oficial se dio en 2002, en un partido ante Espoli. Desde entonces, nombres como Juan Pablo Proaño, Xavier y Cristian Coronel, Diego Matute, entre otros, comenzaron a dar forma a un movimiento que con el tiempo se transformaría en una de las hinchadas más fieles del país.

“Son 25 años de aguante, de lealtad hacia la barra y de compromiso con el club. Esperamos que esto perdure muchos años más”, recuerda Juan Sebastián Segarra, conocido como ‘Cuy’, quien lidera la barra desde 2005.

Los inicios no fueron fáciles. Sin recursos, el aliento nacía únicamente desde la voz. Con el tiempo, y gracias al apoyo de personas cercanas al club, llegaron los primeros bombos, banderas y elementos que hoy son parte esencial del espectáculo en las gradas. La murga, las trompetas y el constante repique marcan el ritmo de una hinchada que no deja de cantar.

Pero si hay algo que define a la Crónica Roja es su filosofía. “Somos ciento por ciento leales a la institución. Estamos donde juegue el equipo, el día que sea, sin importar el resultado”, enfatiza Segarra.

Esa convicción ha llevado a la barra a recorrer no solo el Ecuador, sino también países como Argentina, Perú, Brasil, Paraguay, Bolivia e incluso Estados Unidos. Viajes largos, sacrificios económicos y, muchas veces, regresos con derrotas a cuestas, pero con la satisfacción intacta de haber estado presentes.

“El amor por el club es lo que nos mantiene. Si uno ama de verdad, jamás abandona”, agrega su líder.

Viajes y organización de la Crónica Roja

Con el paso de los años, la Crónica Roja creció en hinchas y organización. Hoy, aunque no existe un número exacto de integrantes, en cada partido pueden congregar entre 300 y más de 700 hinchas, además de contar con agrupaciones internas que fortalecen su estructura.
Uno de sus hitos fue en 2011, cuando decidieron trasladarse a la General Sur Alta del estadio “Alejandro Serrano Aguilar”, espacio que se convirtió en su bastión. A ello se suma la creación de banderas emblemáticas como la de “Un solo puño”, símbolo de unidad que ondea desde 2018.

La barra también ha sabido ganarse reconocimiento fuera de la ciudad. Incluso el periodista deportivo Roberto Bonafont llegó a catalogarla como la mejor hinchada del país en sus primeros años, distinción que marcó un antes y un después en su crecimiento.
Hoy, a 25 años de su nacimiento, la Crónica Roja mantiene intacto su mensaje: lealtad, respeto y amor por los colores.

“Todos son bienvenidos. Somos una familia que recibe con los brazos abiertos a los hinchas del Deportivo Cuenca”, invita Segarra.
El sueño, como siempre, sigue siendo el mismo, volver a celebrar un título. Pero más allá de eso, la barra tiene claro su papel. Estar, alentar y no abandonar. “Porque si algo ha demostrado la Crónica Roja en este cuarto de siglo, es que su historia no depende de resultados, sino de una pasión que no se negocia”.

Juan Francisco, el niño murguero

En medio del ruido ensordecedor de la popular, donde los bombos marcan el pulso y los cánticos no se detienen, hay una historia que emociona por su autenticidad. Juan Francisco Larriva (12 años), un niño de sonrisa tímida y corazón gigante, se ha convertido en uno de los rostros más queridos de la Crónica Roja, la barra del Deportivo Cuenca.

Antes de que empiece el partido, su rutina ya está marcada. Llega con un bolso que guarda lo más importante: el mazo y la correa de su bombo. Los prepara con cuidado, como quien alista una herramienta de trabajo, aunque en su caso se trata de algo más profundo, es el instrumento con el que le da vida a la murga. Cuando todo está listo, se coloca la correa, ajusta el peso sobre su cuerpo y se dispone a hacer lo que más le gusta.

Su historia con el equipo nació desde muy pequeño. “Desde chiquito siempre venía al estadio”, recuerda. Con el tiempo, esa costumbre se transformó en compromiso, hasta que encontró su espacio dentro de la barra. No fue fácil. Aprender los ritmos, seguir el compás y resistir la intensidad de la tribuna le tomó esfuerzo. “Fue un poco difícil porque uno no sabía tan bien, pero ahora ya sí”, cuenta con una mezcla de orgullo y sencillez.

Hoy, cada golpe de su bombo tiene sentido. Aunque el instrumento pesa y el trajín del partido exige resistencia, Juan disfruta cada instante. No hay cansancio cuando la barra comienza a corear. Al contrario, es ahí donde encuentra su lugar. Su percusión marca el ritmo de una hinchada que se levanta, canta y empuja al equipo sin parar.

Entre todos los cánticos, hay uno que lo representa: “Movete, loco, movete”, dice, como si en esa frase se resumiera toda la energía que siente en la tribuna.

A su edad, su sueño es claro, ver campeón al equipo de sus amores. “Ojalá que el Cuenca sea nuevamente campeón algún día”, dice con ilusión. (I)

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Ismael Alvarado

Ismael Alvarado

Licenciado en Ciencias de la Información y Comunicación Social con experiencia en coberturas deportivas de todas las disciplinas a nivel nacional. Producción y contenido para medios digitales.