Todo comenzó el 4 de marzo de 1971. Ese día, en Cuenca, nació un equipo de fútbol que, 55 años después, se ha transformado en una pasión: Deportivo Cuenca.
A inicios de la década de los setenta, un grupo de 16 amigos, algunos de ellos recién llegados del Mundial de México 1970, se reunió a tomar café y conversar sobre fútbol. En ese encuentro, junto a Alejandro Serrano Aguilar (1933-2019), entonces alcalde de la ciudad, surgió la idea de fundar un club que representara a Cuenca en el balompié nacional.
El primer director técnico fue Carlos Alberto Raffo. Entre los primeros futbolistas extranjeros destacaron Rodolfo Piazza y los paraguayos Gerardo Laterza y Luis Martínez, este último autor del primer gol del conjunto cuencano.
Desde sus inicios, el equipo causó sensación. Su aparición transformó la vida de los cuencanos, quienes, orgullosos, madrugaban los días de partido para asistir al estadio municipal “El Ejido”, escenario que más tarde adoptaría el nombre de Estadio “Alejandro Serrano Aguilar”.
Jugadores como Rodolfo Piazza, Ubdulio Aguirre, Iván Caicedo, Luis Martínez, Leo Vigildo Daza, Gerardo Laterza, Guillermo Jaramillo, Juan Tenorio, Vicente Martínez y Gonzalo Coronel se ganaron el cariño de la hinchada colorada. Desde entonces, en la llamada Atenas del Ecuador, el fútbol se vive con intensidad y pasión.
Con el paso de las décadas, Deportivo Cuenca no solo se consolidó como un referente deportivo, sino también como un símbolo de identidad para la ciudad. Cada partido, cada triunfo y cada dificultad han fortalecido el vínculo entre el equipo y su gente, convirtiendo al club en parte esencial de la memoria colectiva cuencana.
A lo largo de su historia, la institución ha atravesado momentos de gloria y también etapas complejas; sin embargo, su hinchada ha permanecido firme, demostrando que el amor por los colores trasciende resultados. Esa fidelidad ha sido clave para sostener al club en los momentos más desafiantes.
Generaciones
Humberto Pesántez fue uno de aquellos 16 amigos fundadores que impulsaron el crecimiento del club. “Mis inicios fueron como vocal suplente, pero todos trabajábamos con entrega para que el equipo se mantuviera y compitiera”, recuerda. Con el paso del tiempo, asumió la presidencia del Expreso Austral durante dos periodos. En uno de ellos, y con el respaldo de autoridades nacionales, se logró adquirir el predio de Patamarca, al norte de Cuenca, donde años después se construyó el complejo deportivo, vendido en octubre de 2014 debido a una grave crisis financiera.
Pesántez también es reconocido por crear el sonido emblemático del equipo, que dio origen al apodo de “equipo colorado”. Este singular instrumento, compuesto por varias cornetas y una batería de automóvil, se convirtió en un símbolo inconfundible en cada partido, especialmente al momento de celebrar un gol.
Hoy, con más de 80 años, don Humberto continúa asistiendo fielmente a los encuentros desde su tradicional lugar en la tribuna sur, espacio que ocupa desde hace cinco décadas. No acude solo, lo acompaña su inseparable bocina y su bisnieto, César Dávila, quien desde los 10 años se convirtió en hincha del club y, desde hace seis, es el encargado de tocar la trompeta en cada partido.
La pasión por Deportivo Cuenca ha trascendido generaciones en la familia Pesántez. Según cuenta don Humberto, ya son cinco las generaciones que alientan al “cuenquita”. Incluso el pequeño José Daniel Vélez, de apenas tres años, cuenta ya con su abono y asiste al estadio siempre que es posible. (I)












