La placa oceánica de Nazca se desplaza bajo la placa Sudamericana frente a la costa occidental de América del Sur.
Este proceso, conocido como subducción, es una de las principales fuentes de actividad sísmica de Ecuador, Perú y Chile.
La interacción entre ambas placas ocurre de forma permanente y contribuyó durante millones de años a la formación de la cordillera de los Andes.
Juan Carlos Jiménez, docente investigador de la Universidad de Cuenca y coordinador de investigación de la Red Sísmica del Austro, explica que el desplazamiento de las placas somete a la corteza a procesos de deformación.
En las zonas donde el contacto permanece trabado puede acumularse energía hasta que una ruptura la libera en forma de un sismo.
La magnitud de ese evento está relacionada con el tamaño de la superficie que se rompe y la energía liberada.
El impacto sobre las poblaciones depende además de la profundidad, la distancia al epicentro, las condiciones del suelo y la vulnerabilidad de las construcciones.
“Los sismos grandes tienen recurrencias. Se repiten en el tiempo porque las placas tectónicas se mueven”, señala Jiménez.
¿Qué ocurre con la placa de Nazca?
La subducción de Nazca forma parte de una dinámica geológica que transformó el margen occidental de Sudamérica durante millones de años.
Este contacto integra el Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa zona que rodea buena parte del océano Pacífico y que concentra numerosos terremotos y volcanes.
El investigador Jiménez explica que el proceso geológico es parte del comportamiento dinámico de las placas tectónicas.
“Los sismos liberan energía acumulada, lo que disminuye la presión, pero de inmediato reinicia el ciclo de acumulación de tensión en las rocas», explica.
Sin embargo, la velocidad con la que se desplaza una placa tampoco permite saber cuándo ocurrirá un terremoto.
Para establecer la amenaza sísmica, los científicos consideran la geometría del contacto entre placas, las fallas, la historia de terremotos y las características geológicas de cada territorio.
Un estudio publicado en 2025 en Journal of Geophysical Research: Solid Earth reconstruyó la evolución de la placa de Nazca durante los últimos 34 millones de años.
La investigación identificó una reducción cercana al 20 % en la velocidad de convergencia frente al margen continental durante los últimos 780.000 años, asociada con cambios en la geometría de la litosfera.
Ese cambio en la velocidad no significa que la subducción haya dejado de operar. La placa continúa desplazándose bajo Sudamérica y el sistema tectónico permanece activo.
Nazca no explica por sí sola los sismos de Ecuador
La subducción es una de las fuentes de amenaza sísmica, pero Ecuador también tiene una extensa red de fallas dentro de la placa Sudamericana.
“El país está atravesado por un entramado de fallas geológicas que están catalogadas”, indicó Jiménez.
Uno de los sistemas mencionados por el investigador es el conjunto de fallas que se extiende desde el área de Guayaquil hacia el norte de los Andes y continúa hacia Colombia y Venezuela.
Se lo conoce como sistema o megafalla Guayaquil-Caracas y está compuesto por distintos segmentos.
La configuración tectónica cambia de un país a otro. En Venezuela, por ejemplo, la actividad sísmica está relacionada con la interacción de otras estructuras, entre ellas la placa del Caribe.
En México intervienen otras placas, como la de Cocos.
Esto permite distinguir dos procesos: los terremotos asociados al contacto entre Nazca y Sudamérica (en la costa) y aquellos originados en fallas continentales (tierra adentro).
La fuente sísmica puede cambiar según el lugar donde se produzca la ruptura.
Qué se puede conocer y qué no
La ciencia puede establecer dónde están las principales fuentes sísmicas, estudiar cómo se han comportado en el pasado y calcular probabilidades para determinados periodos de tiempo.
Pero no puede establecer una fecha exacta para un terremoto a partir del movimiento de una placa.
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