Su valor se encuentra en ser fuente de reflexión e inspiración para la gente: la del presente y la que va a venir.
Cuenca es una ciudad marcada por el espíritu del agua. Las más de doscientas lagunas del Parque Nacional Cajas y los cuatro ríos que atraviesan la urbe dibujan su relación con la gente. Los nativos de este espacio y muchos de los que han llegado reivindican este vínculo porque sabemos que nos condiciona como cultura y nos sentimos orgullosos de esa dependencia vital, paisajística y estética.
Los poetas, escritores e intelectuales cuencanos, así como la población en general, estamos unidos por ese sentimiento y lo expresamos: los primeros, en sus producciones; la comunidad, en sus conversaciones cotidianas. Somos agua y lo sabemos. Por eso la cuidamos y cada vez la protegemos con mayor convicción y decisión.
Este 16 de septiembre se conmemora el primer aniversario de la inmensa manifestación ciudadana que se dio en Cuenca para expresar la opinión y el sentimiento colectivo que se opone a cualquier forma de explotación minera en las zonas en las que están las fuentes de agua que permiten que seamos y que nos proyectemos al porvenir. En esa fecha nuestra voz se alzó nítida y vigorosa para decir, una vez más, no a la intervención minera en Quimsacocha.
«Somos agua y lo sabemos. Por eso la hemos cuidado y cada vez la protegemos con mayor convicción y decisión».
Los tiempos previos a la histórica Marcha de los Cien Mil o del Quinto Río estuvieron marcados por una profunda tensión social y política signada por el interés generalizado de la población orientado a la protección de las fuentes hídricas de la región, frente a la amenaza de la explotación minera que pendía dramáticamente sobre nuestras vidas y que, pese a toda la lucha comunitaria para evitarla, aún sigue agazapada, esperando el momento de actuar abiertamente, en cuanto las condiciones que ellos forjan sin descanso se lo permitan.

El avance, por entonces, del proyecto minero Loma Larga a través de la licencia ambiental otorgada a la empresa extranjera para explotar Quimsacocha fue recibido por la comunidad con alarma, estupor e indignación, provocando una masiva reacción popular que se manifestó desde los criterios individuales, familiares, grupales y civiles en toda la colectividad hasta llegar a la marcha que consideramos es una de las expresiones colectivas más importantes en nuestra historia.
Ese día nos encontramos en las calles de Cuenca todos: oficinistas, profesionales, artesanos, comerciantes, jubilados, abuelos, nietos; ciudadanos que con entereza inquebrantable expresaron su vínculo con la vida y con el destino de la ciudad y las nuevas generaciones.
También en aquellos días el Gobierno Nacional mantenía a la provincia bajo medidas de excepción debido a la crisis de seguridad ciudadana, situación que hacía temer que la protesta podría ser criminalizada y reprimida.
Las comunidades rurales, líderes históricas en la defensa del agua, tuvieron como siempre en este tema una actuación preponderante. También la política partidista se adhirió a la vehemencia ciudadana y respaldó la movilización popular.
«La convocatoria de este año no debe entenderse como un intento de calcar el pasado, sino como un fruto directo de aquel acontecimiento original»
El fluir de la memoria

El Quinto Río es un hecho histórico. En este corto tiempo, a casi un año desde que tuvo lugar, ha sido motivo de análisis, ha inspirado propuestas e iniciativas y ahora mismo convoca nuevamente a la gente para celebrar el acontecimiento del que fuimos parte.
La Marcha de los Cien Mil de Cuenca es, como todo evento, irrepetible. Su verdadero valor se encuentra en ser fuente de reflexión e inspiración para la gente: la del presente y la que va a venir. Todas las manifestaciones sociales en el Ecuador y en el mundo tienen esa connotación que, por otro lado, es la naturaleza de cualquier actividad individual o colectiva.
«El Quinto Río somos nosotros, comarcanos, individuos unidos cultural y espiritualmente por la conciencia de que nuestra lucha por defender el agua es inclaudicable»
No se repiten. Por ello, la convocatoria de este año no debe entenderse como un intento de calcar el pasado, sino como un fruto directo de aquel acontecimiento original; una conmemoración que es valiosa en sí misma, pero que no agota la herencia de la marcha. Cada momento es único, efímero e irrepetible. Porque es imposible; las coordenadas o circunstancias de los instantes no se replican.
La vida es como el correr de las aguas de un río: las que pasaron no vuelven. Es el mensaje de Heráclito el griego: “Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el río es el mismo ni el hombre es el mismo”.
El movimiento de Mayo del 68 en París fue un hito que marcó la historia y es irrepetible. Su huella perdura hasta hoy y seguirá incidiendo en el futuro. Igual la Revolución Francesa, la Bolchevique o las gestas populares ecuatorianas: la Marcista de 1845, la Liberal de 1895, la Juliana de 1925, la Gloriosa de 1944 y los levantamientos indígenas.
La importancia de los eventos se encuentra en su condición de inspiradores y ejemplares, para que quienes se refieren a ellos, desde sus propias, únicas e irrepetibles circunstancias, hagan algo nuevo honrando la historia. Los acontecimientos como cualquier obra o manifestación natural o social, son aprehendidos por los individuos desde sus propias posibilidades.
Cada persona los interpreta desde donde puede hacerlo. Esa es una riqueza inmensa de lo humano que siempre produce algo diferente porque los escenarios y las personas son cambiantes y sus productos, por derivación, también lo son.
La corriente de una conciencia colectiva
El Quinto Río somos nosotros, comarcanos, individuos unidos cultural y espiritualmente por la conciencia de que somos agua y que por eso nuestra lucha por defenderla es inclaudicable.
Los ciudadanos debemos hablar, dialogar y debatir sobre sostenibilidad, progreso, medio ambiente, ciencia, tecnología, conocimiento, arte y todas las expresiones de la sociedad, relacionándolas siempre con el entorno natural como escenario que debe ser cuidado contra intereses que no ven el bien común sino únicamente los suyos.

Bajo esa misma mirada, los profesionales, poetas, escritores, músicos e intelectuales deben producir teniendo como uno de sus referentes al Quinto Río; los deportistas, comerciantes y emprendedores conectar sus actividades con el equilibrio y la protección de la vida en su relación con el agua; y los empresarios junto a las universidades asumir la legitimidad de este mandato civil, incorporándolo ya no como una opción, sino como un imperativo ético en sus modelos de desarrollo y en sus agendas de investigación, aportando desde sus capacidades de acción e influencia.
Semillas en el cauce del porvenir
Las ideas tienen peso específico y son fundamentales. Por eso, la opinión pública debe expresarse libremente. La investigación académica sobre el agua, el medio ambiente, la gente, la sociedad y su relación con ella debe ser una de las líneas más importantes de la agenda de los investigadores, tanto en las disciplinas naturales como en las humanísticas. Las actividades de todos pueden tomar como referente al Quinto Río, para que los frutos de su presencia sean consecuentes con la importancia de su impronta.
El evento fue, es y seguirá siendo importante en el tiempo. El presente y el porvenir lo tendrán como un referente ineludible para interpretarlo y construir variaciones que le vayan dando nueva forma cada vez, tal cual como acontece con los grandes hitos colectivos y con las grandes ideas históricas.











