A la entrada de un cementerio de Caracas, decenas de personas aguardan para cremar a las víctimas de los dos terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio. Cada vez que las chimeneas expelen sus densas columnas de humo se cubren la nariz.
En el Cementerio General del Sur los dos hornos funcionan sin cesar para atender la demanda después de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que causaron más de 1.700 muertos.
Los trabajadores limpian a toda máquina las colmenas para habilitar nichos que se ocupan minuto a minuto.
Este cementerio público, que usualmente cierra a las 16H00, no solo trata de redoblar la capacidad, sino también las operaciones con horarios extendidos. Hasta «que llegue el último cuerpo», dijo una empleada que el fin de semana trabajó hasta la medianoche.
«Esto apenas es el principio», indicó a la AFP Freddy Rey, otro funcionario del cementerio.
El promedio de los entierros entre viernes y sábado fue de entre 60 y 70 personas por día, dijeron los trabajadores mientras descansaban unos minutos antes de ir a limpiar un terreno al fondo del cementerio.
«Nos pidieron preparar entre 100 y 200 fosas», aseguró uno de los obreros.
– «Una persona especial» –
En el sector de colmenas donde los obreros continuaban despejando nichos, el grito «¡Mamá, te amo!» de una adolescente en un entierro se sobreponía al llanto de los familiares de Emir Pérez, quien murió junto a su esposa y dos hijos en La Guaira.
A la par, en una sombría cadencia, se escuchaba el ruido de las palas mezclando cemento.
Cuando los trabajadores comenzaron a cerrar el nicho de Pérez, su tío Sergio Vergara cayó de rodillas al suelo.
Desalojado de su edificio en Caracas por los daños de los sismos, Vergara vive angustiado. «No consigo dormir bajo un techo, me da pánico morir aplastado«, contó el hombre de 42 años.
Vergara encontró a su sobrino sepultado en el conjunto de viviendas del gobierno en La Guaira, donde residía.
«Lo saqué de donde estaba, con toda su familia, estaba muy avanzado (en descomposición)», relató a AFP. «Fue una experiencia horrible, sacarlo a él, a sus hijos».
Tras días luchando con las uñas en medio de las ruinas y de enfrentar trabas burocráticas, Vergara y su familia finalmente desahogaban el dolor este lunes frente al nicho de Emir mientras de un parlante salía la voz de Vicente Fernández entonando «La Muerte de un Gallero».
«Poco a poco a todos nos fue enseñando algo, Emir era una persona especial», dijo entre sollozos uno de sus hermanos en un discurso improvisado tras escribir su nombre en el cemento fresco.
Las palabras fueron opacadas por el ruido de un camión que traía más material.
Su hermana Dary dijo que querían enterrar a Emir por su fe cristiana.
Pero «como no conseguimos fosa, porque todos los cementerios están colapsados, habilitaron nichos para sepultarlo«, comentó Dary.
Aunque habrían querido despedirlo en un funeral, el estado de descomposición del cuerpo lo hizo inviable, dijo Sergio.
«Todos lo queríamos ver como era él, pero así como está no se puede», lamentó.
– «Solo la vimos por foto» –
En la entrada del cementerio, las dos chimeneas de los hornos de cremación soltaban nuevas columnas de humo.
Afuera las familias aguardaban los 90 minutos que tardan en reducir a cenizas a sus primos, tíos, hermanos, hijos, parejas.
Keila Fernández decidió cremar a su hermana por el estado en que se encontraba luego de pasar cuatro días entre morgues. «No nos dejaron ni acercarnos, solo la vimos por foto«, dijo.
Los dolientes pasan el tiempo conversando sobre las dramáticas escenas que vivieron en La Guaira mientras intentaban rescatar a sus seres queridos.
Y sobre la frustración que sienten mientras las horas pasan y se extinguen las esperanzas de encontrar sobrevivientes.
«Tanto petróleo en este país, y no hay ni una excavadora«, le comentó un joven a otra persona.
«No pueden ver una guarimba (protesta) porque le sacan las tanquetas», agregó en referencia al gobierno. «¿Por qué no sacan las tanquetas para, no sé, remover escombros?». AFP












