De recuerdos y lecturas también se activa la memoria, así, estos días de lluvias y ríos crecidos, es un deleite ver a los pescadores, mientras más aguas arriba en mayor número, con sus redes, cañas de pescar y sus mochilas, en grupos o en solitario; con llamativas botas y cazadoras impermeables, con gafas, gorras o sombreros pendientes de la corriente y, vienen los recuerdos de entrañables pescadores como Carlos Beltrán, “Beltrán”, en el lenguaje de la cordialidad y la admiración, puntual los fines de semana con su grupo de pesca y el regreso cargado de truchas e historias que contaba, en su taller de joyería, mientras preparaba su próxima salida.
El feriado del Tres Noviembre activa en la memoria modos festivas locales y en lecturas especiales como, “Espíritu y Magia de Cuenca”, compilación de María Rosa Crespo, encontramos joyas de la cuencanidad festiva como ese chispeante texto “Los bagres del río Tomebamba”, cuando el amanecer del tres de noviembre sorprendía a los cuencanos en las orillas del río cargados de redes, canastos, baldes, chalinas, en fin, para atrapar los bagres que a esas horas llegaban adormecidos por el barbasco arrojado en las aguas del “Julián Matadero” a la altura de Sayausí. ¿Quién atrapa más? y se prendía la fiesta a los acordes de las bandas de músicos de la Alianza Obrera y de la Zona Militar, mientras se encendían fogatas para asar los bagres y la fiesta, de familiar o entre amigos, se volvía comunal a lo largo del Barranco Puente del Vado aguas abajo, y en la avenida Solano comenzaban las carreras de caballos y torneos de cintas en bicicletas y el reparto de naranjas y guineos, arrojados, desde un carro municipal excitando el bullicio y destreza de los guambras. ¿Quién coge más? Y el brindis con un “buen puro” de los mayores.
Cuenta María Rosa Crespo que esta tradición festiva desapareció cuando escasearon los bagres y las fiestas fueron trasladados a otros motivos y escenarios, quedando en la memoria hecha tradición, contemplar las crecientes del río en los meses de lluvia, como hacemos, estos días, desde la terraza-mirador-café del “Museo del Sombrero de Paja Toquilla” de la “Casa Paredes Roldán” en el Barranco del río Tomebamba brindando, un café, con mi amigo y anfitrión Juan Fernando Paredes Roldán. (O)










