Vivimos tiempos de Cuaresma, del latín cuadragésima, en referencia a los cuarenta días de duración de este periodo de recogimiento y reflexión posterior al Carnaval y anterior a la Semana Santa que la tradición cristiana celebra, desde sus primeros tiempos, incluso con representación física en algunas comunidades, un muñeco de papel con forma de mujer con los brazos extendidos y falda muy baja y abombada que dejaba ver, en la parte inferior, sus siete pies, simbolizando las siete semanas que dura la Cuaresma que, suspendida detrás de la puerta de la cocina, en una ventana o balcón, recordaba a sus huéspedes sosiego, ayuno y frugalidad exigidos en estos días.
Por una parte, se presenta como un espacio de recogimiento y reflexión, de preparación y afinamiento espiritual para participar en la liturgia de la Semana Santa que es la verdadera razón de la tradición cristiana, surgen también, como una necesidad inmediata y sentimiento de contrición por todos los excesos vividos en las celebraciones del Carnaval, sobre todo en el comer y beber, festejar y sentir, fiesta pagana por excelencia que tiene sus orígenes en las Dionisiacas de la Mitología griega en honor a Dionisos Dios del vino, devenidas en las Saturnales romanas, en honor de Saturno, deidad de la agricultura, cosechas y abundancia de la tradición latina, llamadas también Bacanales en referencia a Baco como también se le conoce a Dionisos, festividades que se caracterizaban por la absoluta permisividad otorgada a los esclavos para festejar, de igual a igual, en absoluta libertad, que de alguna manera trasciende a nuestros carnavales como cuando te arrojan un globito o un baldazo de agua porque –carnaval es pues- sin opción a reclamos ni protestas pero si a reciprocar. Armonizando sus raíces litúrgicas y sociales, la Cuaresma deviene en días de oración, recapacitación, ayunos y penitencias que, de alguna manera, trascienden a nuestros días.
Definitivamente, deben ser días de recogimiento y sentida reflexión que, más allá de repetir oraciones y mantras, pedir perdón y ofrecer enmiendas, nos permita emprender un proceso de observarnos a nosotros mismos, pero en interacción con la sociedad, porque inmersos en ella, vivimos tiempos que exigen de todos y cada uno, participación y compromiso consiente con el presente y futuro de la sociedad. (O)










