Uno de los deberes de un gobernante es despegarse del estresante día a día para avizorar el más allá. Quien no lo haga de este modo nunca podrá conducir a su reducto a la solución de viejos y actuales problemas. Un viajero, a campo traviesa, no desaprovecha una colina para otear su destino y ajustar sus pasos. Caminar mirando solo al piso engendra seguridad efímera.
El ´borra y va de nuevo´ se encuentra enraizado en nuestro decir. La monotonía en el quehacer, cuando ajustada a la norma, logra la repetición de rutinas, pero no permite el cambio, peor el progreso. El cambio no es una moda, tampoco el resultado de una imposición. El cambio obedece a un sesudo análisis que concluye en la necesidad imperiosa de abandonar lo perjudicial para iniciar transformaciones necesarias, indispensables.
El presidente de un país que se acomoda a las costumbres de su antecesor y que evita hacer cambios (indispensables para evitar errores y acrecentar resultados beneficiosos para la comunidad), no es un presidente de la república apto para el progreso material y cívico de una sociedad.
Combatir el narcotráfico incrustado en el país y hacerlo con decisión no es tarea fácil ni carente de riesgos, pero es una obligación de un jefe de estado en nuestra sociedad actual. Establecer alianzas internacionales para hacer más eficiente una campaña antidelincuencial es, hoy por hoy, una condición sine qua non, para tener resultados positivos a favor del presente y futuro del país.
Algunos gobiernos de los últimos años, encontrándose con estructuras del mal incrustadas en el poder, se acomodaron y cerrando los ojos trataron de cumplir a medias con sus ofertas dejando que el vicio crezca y cobre fuerza. No me detengo en enumerar nuestros principales males de país porque en buena parte los conocemos. Aquí entra la función de un gobierno, en estas circunstancias, de cerrar los ojos y dejar que todo pase o decidirse a iniciar una campaña radical y de frente a quienes hicieron del Ecuador un lugar propicio para tráficos ilícitos de diversa índole.
Personalmente estoy muy alejado de la política partidista. Pienso que el presidente Noboa está demostrando una manera diferente de relacionarse con las fuerzas negativas del país: manejo doloso de la justicia, libre comercio de estupefacientes, atentados a la seguridad y a la vida misma, entre otras. ¿Comparte usted esta opinión? (O)








