¡Noboa escucha!

En las calles del país se escucha un clamor que no admite matices: el agua es vida, no mercancía. Frente a la amenaza de la minería y a un gobierno que parece más dispuesto a favorecer a las élites que a proteger a sus mandantes, la ciudadanía está respondiendo con fuerza, creatividad y unidad. Las consignas que se repiten – “Noboa minero, el agua es primero”, “Gobierno sordo, pueblo despierto”, “No es no, el pueblo ya decidió– no son simples frases de protesta. Son expresiones de una indignación profunda, nacida del abuso de poder y de la manipulación de la Constitución. Son también símbolos de una resistencia que se canta, se pinta y se grita desde el corazón de los pueblos. La defensa del agua no es un capricho ni una moda. Es un acto de supervivencia y de dignidad –“Cuidar el agua no es delito”–. Sin ella, no hay futuro posible. Por eso, cuando se pretende imponer una Ley de Minería que amenaza con abrir las puertas al saqueo, la respuesta ciudadana es clara: “El agua es para sostener la vida, no los bolsillos de las élites mineras. El movimiento social que hoy se levanta exigiendo la derogatoria de la Ley Minera tiene raíces culturales y espirituales, no es solo política, es también simbólica: se trata de preservar la identidad y la memoria de un pueblo que se sabe heredero y custodio de sus fuentes de agua. El gobierno puede intentar desoír estas voces, pero el río sigue creciendo. Y con él, la conciencia ciudadana que entiende que gobernar no es facilitar el saqueo, sino proteger la vida. La democracia se fortalece cuando el pueblo se organiza y exige respeto, y su mensaje es contundente: el agua no se toca. (O)

Lcda. Ana Abad R.

Lcda. Ana Abad R.

Periodista, editora y correctora de estilo; es parte del grupo editorial Quillca editores. Ha publicado investigaciones sobre cultura popular y artesanías. Es directora de contenidos del Portal Digital Voces Azuayas.