Édgar Plaza Alvarado
En el diccionario depredador significa destructor y también ladrón, aplicable a un grupo, país o estado que al aprovechar su superioridad ataca a otro y se sirve de sus recursos.
En 1846 Estados Unidos de Norteamérica invadió a México y solamente salió arrebatándole la mitad de su territorio. Después inventó un conflicto con España y lo obligó a éste a entregar Guam, Filipinas y Cuba país que fue hasta antes de la Revolución Cubana un lenocinio de EE.UU. que prostituía adolescentes, se daban a juegos de cabaret y la mafia de allá hacía ganancias sin freno.
Con las ínfulas de la victoria de la Segunda Guerra Mundial, en Europa Occidental manipularon las tan pregonadas elecciones “democráticas” e impusieron gobiernos pelele convenientes a sus intereses económicos y no de la población local. Sabotearon resultados, corrompieron candidatos, instituciones, estados, poderes judiciales nobles, a través de regimientos en la oscuridad en el que la plata y la eliminación física de oponentes no era inconveniente. Más adentrado el siglo, asediaron un pequeño país caribeño, Grenada, mataron a su líder (fuerte partidario de Fidel Castro) e impusieron su presencia sin que nadie les haya llamado. Sin escrúpulos, al final de la década del 80, invadieron a Panamá, asesinaron a quienes se oponían y se llevaron al dictador Manuel Noriega que, curiosamente, había trabajado para ellos en la CIA antes.
Argumentando “devolver soberanía” a una ex provincia de Irak invadida, Kuwait, el oscuro presidente George Bush mandó a su ejército con armas poco sanas (bombas con unario empobrecidas) que afectaron no solo al enemigo sino a sus propios soldados. Lo hizo no por el bien de Kuwait si no del de ellos, que sus brevas continuaran y el flujo del petróleo se mantuviera. Hoy le toca a Venezuela y están en la mira Nicaragua, Cuba y Colombia con su ideología caduca del Socialismo del Siglo Nuevo y más tonterías e intentan incorporar a la fuerza a Groenlandia y otra vez apoderarse del Canal de Panamá. (O)









