La literatura cuencana suma un nuevo título a su acervo de memoria urbana. El escritor Marcelo León Jara presentará su novela La Casa de las Mujeres este jueves 5 de marzo de 2026, a las 17:30, en la Casa Municipal Rodríguez, ubicada en la Plazoleta del Vado.
Radicado en Quito y de profesión economista, León Jara combina su ejercicio profesional con la escritura, una vocación que —según afirma— le ha permitido explorar la emoción humana desde la ficción.
En esta ocasión propone una novela que dialoga con la historia íntima y colectiva de la ciudad.
Los comentarios de la obra estarán a cargo de Adriano Merchán Aguirre, abogado, escritor y gestor cultural, quien ha trabajado junto al autor en iniciativas vinculadas con la memoria histórica de Cuenca, especialmente a través de proyectos como Cuenca, memoria y testimonio.
Una novela de recuerdos y ciudad
La Casa de las Mujeres tiene como protagonista a Pedro Alejandro, narrador omnisciente de la historia, quien evoca los relatos que escuchó de su madre y reconstruye la Cuenca que ya no existe, pero que sigue presente en la identidad del “morlaco”.
La trama se sitúa entre las décadas de 1970 y 1980, aunque recorre distintos momentos del siglo XX.
La obra revive costumbres y escenas cotidianas. Los coches de madera que descendían por las empinadas calles, el carnaval con su pan y dulces tradicionales. La orfebrería y joyería cuencana, las panaderías del Vado, el barrio de Todos Santos o las herrerías de El Vergel.
Uno de los ejes del libro es la transformación urbana y tecnológica de la ciudad. León Jara describe, por ejemplo, la época en que el agua cruda descendía desde la loma de Cullca y atravesaba las calles para el consumo doméstico, mientras los desechos corrían hacia los ríos.
Ese sistema rudimentario dio paso, con los años, a la potabilización y al desarrollo de planes maestros de agua potable que modernizaron la infraestructura urbana.
La novela también aborda cómo los oficios tradicionales fueron desplazados por la tecnificación. El trabajo del cuero y el calzado o la fabricación de implementos para los caballos en Las Herrerías.
La novela también aborda cómo los oficios tradicionales fueron desplazados por la tecnificación. El trabajo del cuero y el calzado, la fabricación de implementos para bestias de carga o el uso de molinos para la molienda de harina. La ciudad que se movilizaba en acémilas dio paso a la era del automóvil.
Pasajes históricos y memoria viva
También se rescata la memoria de los “guandos” o guanderos, quienes transportaban a lomo piezas para el desarrollo urbano como la primera planta hidroeléctrica, pianos de cola, cielos rasos o cúpulas de cristal traídas desde Europa. «Hoy el término ha caído en desuso, como tantas otras palabras y oficios que el libro documenta», indicó León.
La novela incluye, además, un amplio glosario con más de 300 términos entre quichuismos, expresiones cañaris, modismos cuencanos, ecuatorianismos y americanismos.
Palabras como chumal, atanor, incensario o referencias a la misa tridentina —celebrada en latín y de espaldas a los fieles— forman parte de ese rescate lingüístico y cultural.
Entre investigación y experiencia personal
León realizó un trabajo de documentación para abordar hechos históricos como el fusilamiento de Luis Vargas Torres.
Sin embargo, la novela también está atravesada por recuerdos personales de infancia y por una vena humorística que evoca expresiones populares y formas de corrección propias de otras épocas.
Para Merchán Aguirre, el libro tiene un valor especial tanto para los adultos mayores —que encontrarán en sus páginas una evocación de su propia experiencia— como para los jóvenes, quienes podrán acercarse a una ciudad que no conocieron, pero que explica buena parte de su identidad actual.
La presentación contará con la intervención del autor y del comentarista. (I)
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