Este es un tema que nos conecta a todos quienes vivimos en espacios que nos son comunes y que, por supuesto, tienen una prehistoria y una historia, que no siempre son conocidas cabalmente, no solamente por falta de interés, sino porque lo que se sabe sobre los primeros habitantes de este territorio, en muchos casos, no es definitivo y está rodeado de datos dispersos que son producto de investigaciones académicas y también de criterios especulativos, conectados con la leyenda y la mitología.
Siempre me he preguntado por qué nosotros, los directamente relacionados con la cultura cañari, nos identificamos tanto con la inca, que fue una civilización que se impuso en estos lares de manera brutal, pues en algún momento de la conquista de estos territorios por parte de los del sur, aquellos dieron muerte a miles de cañaris de manera inmisericorde y violenta, hasta el punto de que la enemistad entre los dos pueblos fue uno de los factores que incidió en la alianza que se dio entre los lugareños cañaris con los recién llegados españoles, para luchar en contra de los incas, a los cuales sometieron.
Lo cañari, es lo local por origen. Lo inca, es foráneo, siendo su presencia en nuestro territorio muy corta, pues estuvieron acá entre sesenta y ochenta escasos años, en los siglos XV y XVI. La cultura inca, conquistadora de estos territorios y pueblos, se impuso por su fuerza administrativa y militar, dejando como legado al idioma quichua y a ciertas formas culturales como la arquitectura, los caminos, la institución de los mitimaes y ciudades que se asentaron en los más importantes centros cañaris, como Guapondelig, el principal, en donde después de arrasarlo levantaron Tomebamba, que más tarde fue el espacio escogido por los españoles para fundar la actual ciudad de Cuenca.
La cueva negra de Chobshi

Los primeros habitantes de las actuales provincias del Azuay y del Cañar o del territorio comprendido al norte por el Nudo del Azuay, hasta el río Jubones al Sur, flanqueado al oriente y al occidente por las dos cordilleras andinas, fueron los cañaris.
Por algunas circunstancias históricas, la preocupación de los estudiosos de los antecedentes culturales locales se concentró en las ocupaciones tardías de este territorio, sin que lo anterior sea investigado debidamente, existiendo un inmenso vacío respecto a ese gran espacio de tiempo.
El arqueólogo cuencano Ernesto Salazar, en su artículo “Cuenca y su región. En busca del tiempo perdido”, sostiene que: “La historia de Cuenca y su región comienza con la llegada de cazadores recolectores hace aproximadamente 10.000 años”. Los datos obtenidos en las excavaciones que se realizaron en la década de los setenta del siglo anterior, en la Cueva de Chobshi, cercana a la ciudad de Sígsig, han permitido proponer que ese sitio puede ser considerado como la cuna de la cultura cañari.
Las investigaciones efectuadas, según Salazar, permitieron constatar que en Chobshi, además del conjunto de artefactos, se encontraron abundantes muestras de restos de fauna local como: zarigüeya, conejo, puerco espín, sacha-cuy, perro, tapir o danta, venados, oso de anteojos y falsa perdiz, sin que se pueda descartar la explotación de recursos fluviales como la preñadilla y lacustres como patos y huevos de aves. En lo relacionado con la dieta vegetal de los primeros habitantes, no existen datos verificados, sin embargo, los investigadores proponen que pudo estar compuesta por el cáñaro, las moras silvestres, el gullán, la tuna, la uvilla, el sacha pepino, el ataco, algún antepasado del tocte y del capulí, la sacha-papa, la ashpa-quinua y el ashpa-chocho.
Chobshi, es un sitio al que debemos llegar para descubrirlo y conectarnos con el pasado remoto de la cultura local.
El Fasayñán, “hermoso, alto y encumbrado”

Esos son los adjetivos que utilizan algunos investigadores cuando se refieren al cerro sagrado Fasayñán, ubicado al oriente del cantón Sígsig, cerca de la cordillera de Matanga que, según una de las leyendas sobre el origen de los cañaris, fue el lugar al cual, durante el diluvio universal llegaron dos hermanos, para ponerse a buen recaudo de las aguas que lo inundaban todo. Ahí, siempre según el mito, los referidos hermanos, luego de una jornada más de búsqueda de comida, al retornar a su refugio, encontraron alimento que era depositado por dos hermosas guacamayas con cuerpo de ave y cabeza de mujer, de las cuales los dos sobrevivientes del diluvio se enamoran, dando así origen a la civilización cañari.
Existen también otras versiones del origen de este pueblo, como la de la culebra progenitora, Leoquina, que se ahogó probablemente en la laguna Culebrillas ubicada en la provincia del Cañar.
Los asentamientos humanos que se encuentran en las inmediaciones de la gran montaña sagrada de casi 4.000 metros de altitud, el Fasayñán, resuenan con nombres magníficos que quizá tienen su origen en la extinta lengua cañari y en el quichua, fusionados: Panzha, Tultul, Guanña, Tunzhun, Ruizho, Chunucari, Pamarshagrin, Charum.
Es preciso iniciar o continuar estudios arqueológicos serios en todo el territorio cañari, ubicado, esencialmente en las actuales provincias del Azuay y del Cañar, porque si bien existen datos ciertos en diferentes aspectos de esa cultura ancestral, muchos otros aún se encuentran en la obscuridad. Conocer más, sobre un factor tan importante de la historia, fortalecerá nuestra identidad, contribuyendo también a la construcción de un futuro fundamentado en la solidez de saber de dónde venimos.
De ninguna manera este texto intenta resolver el origen de la nación cañari que, en muchos ámbitos, permanece en la penumbra de la especulación, de la leyenda y del mito. Es un aporte personalísimo, producto del interés por conocer cada vez más sobre nuestra realidad, que ha tomado como referentes a textos de académicos e investigadores que han trabajado sobre esta parte importante de nuestra historia. Voy a mencionar algunos de ellos que se encuentran en la bibliografía de los textos de los estudiosos de esta temática: González Suárez, Julio Matovelle, Juan de Velasco, Jesús Arriaga y los contemporáneos Ernesto Salazar, Jaime Idrovo, Gustavo Reinoso, Oswaldo Encalada y los extranjeros Max Uhle, Lynch y Pollock, entre muchos otros.
A modo de conclusión

La motivación personal para incursionar en este campo, ya la manifesté, es la certeza de que lo cañari es lo originario de estos lares y que por eso debe ser posicionado adecuadamente en la consciencia social. También de que lo inca es foráneo. El imperio del sur arrasó con las lenguas nativas. El idioma cañari desapareció y sólo nos quedan vestigios en muchas palabras de nuestra rica cultura.
Cuando me pregunto sobre las causas de la superposición tan marcada de lo inca sobre lo ancestral local, puedo intentar alguna explicación que se conecta con las políticas imperiales que, para gobernar, tenían que someter y prácticamente anular a las culturas locales que eran anexadas. Además, otro elemento importante de esta invisibilización de lo local, tiene que ver con las crónicas de los primeros españoles, que nunca profundizaron en la realidad de los pueblos anteriores a lo inca y se refirieron a esa cultura dominante, casi con exclusividad, como si fuese la única.












