La política en Ecuador ha llegado al tope. Me refiero a los insultos, achaques, vituperios y calumnias. Finalmente, la corte de justicia pidió se le levante la inmunidad parlamentaria a la asambleísta Mónica Palacios delegada del correísmo para hablar lo que quiera y mancillar el honor del presidente Noboa, su familia y allegados.
Ha pasado en Quito con los encontrones entre concejales y el alcalde Pabel a quien con justa razón se le increpa por sus desaciertos en la conducción de la ciudad; y en Guayaquil luego de ser enviado a la cárcel de El Encuentro Aquiles Alvarez, por un tema estrictamente personal, sin injerencia con las funciones como alcalde, se desató entre quienes ambicionan sucederle, una guerra verbal sin límites.
En el TCE reposan una gran cantidad de denuncias por insultos y ataques por violencia de género como la de la concejal de Cuenca Diana González en contra del alcalde Cristian Zamora; y así, de lo que se conoce, las personas que ocupan cargos públicos y han sido mancillados en su honor, por quienes no les gusta su forma de discrepar, se empiezan a defender con justo derecho.
Llama la atención el efecto dominó de la degradación de la política. Nunca habíamos visto este desencadenamiento de “cargas” de muchos partícipes del escenario público. Y la gente desde las graderías, ve asombrada como se han multiplicado las denuncias, instrucciones fiscales, actos urgentes para recabar información, porque simplemente los indicios de responsabilidad administrativa o penal saltan cada vez que se hacen exámenes especiales sobre temas sensibles de la cosa pública.
La estadística de los últimos 18 meses revela que, en un afán por limpiar la deshonra judicial, han sido destituidos por el Consejo de la Judicatura 46 jueces, 11 fiscales, 5 directores provinciales, 10 secretarios y 32 funcionarios de menor grado, todos encontrados culpables y displicentes en el manejo de sus funciones.
¿Desde cuándo se daño el ejercicio político, y jurídico en este país? pregunta la gente de a pie. No basta con el consuelo de que toda la vida fue “así mismo” como repiten en la calle, porque la sociedad está torpedeada con la modernidad que permite, por ejemplo, formar “trolles center” dedicados a mancillar la honra o encubrir los delitos, ocultando la identidad de los operadores. Existió la triste época en la cual el Ecuador sufrió la liberación de delincuentes, y establecimiento de mafias, que enredaron a políticos y jueces, terminando con la paz de este país.
En este proceso electoral adelantado al cual advenimos, ya empiezan a salir las historias, a rememorar el pasado, a engrosar las calumnias, y aparecer una sarta de improvisados, ambicionando llegar a ocupar caragos sin tener un mínimo de experiencia y conocimiento de la delicada función pública.
Ese baño de verdad exigida por la sociedad debe nutrirse con la aplicación plena de la justicia, y con la veeduría eficaz de los votantes que no debemos permitir a los delincuentes ser candidatos, y peor ganar las elecciones. (O)









