Cuenca conmemora su fundación como lo que ha sido a lo largo de la historia: una ciudad que no se arrodilla. En un país marcado por el centralismo, donde el poder y los recursos se concentran lejos de los territorios, Cuenca levanta una voz propia, crítica y profundamente democrática.
Hoy, esa identidad cobra más fuerza frente a un gobierno nacional que insiste en una lógica neoliberal: menos Estado para garantizar derechos, más privilegios para los grupos de poder, más confrontación con los territorios que no se alinean. En las últimas semanas, la tensión entre la Presidencia con la Alcaldía de Cuenca se hizo visible con nuevos choques públicos, incluso alrededor de la gestión del agua y ETAPA.
Pero la mayor fuerza de Cuenca no nace solo de sus autoridades. Nace, sobre todo, de su sociedad civil: de sus colectivos, de sus barrios, de las mujeres que sostienen la organización comunitaria, de las juventudes, de quienes defienden el agua, la memoria y la dignidad. Allí está su verdadera grandeza.
Celebrar a Cuenca es reconocer a una ciudad que resiste. Que piensa. Que incomoda. Y que, pese a la presión del poder central, sigue demostrando que otro país es posible desde los territorios. Feliz cumpleaños querida Cuenca. (O)
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