En Cuenca, la cultura no es un adorno ni un tema reservado para fechas cívicas. Es parte de la vida cotidiana, sostiene la identidad local, atrae visitantes, dinamiza negocios y sigue siendo una de las principales ventajas competitivas de la ciudad en el sur del Ecuador.
Introducción: una ciudad que se explica también desde su cultura
Hablar de Cuenca es hablar de patrimonio, memoria, espacio público y creación. No por casualidad su Centro Histórico fue inscrito en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1999. Ese reconocimiento no solo valora su trazado urbano, su arquitectura y su historia; también confirma que la ciudad ha construido una identidad que sigue siendo relevante para sus habitantes y atractiva para quienes la visitan.
Pero el valor de la cultura en Cuenca no se agota en el prestigio simbólico. Hoy se expresa en agendas culturales activas, museos, bibliotecas, casas patrimoniales, festivales, talleres, presentaciones de libros y circuitos creativos que mantienen viva la relación entre ciudadanía, territorio y patrimonio. La propia Dirección General de Cultura del Municipio mantiene una agenda de eventos, un directorio creativo regional y una red de espacios culturales que incluye museos, centros culturales, casas patrimoniales y bibliotecas.
Cultura como motor social
La primera razón por la que la cultura sigue siendo central en Cuenca es social. La ciudad no solo conserva bienes patrimoniales: genera espacios de encuentro. En la agenda cultural municipal conviven exposiciones, talleres, proyecciones, presentaciones de libros y actividades en parroquias y barrios, una señal de que la cultura funciona también como mecanismo de participación, formación y cohesión comunitaria.
Eso importa en una época en la que muchas ciudades enfrentan fragmentación social, consumo acelerado de contenidos y pérdida de vínculos comunitarios. En Cuenca, la cultura todavía crea rutinas compartidas: visitar un museo, asistir a una feria, recorrer una casa patrimonial, participar en un taller o encontrarse en torno a una celebración local. Ese tejido cotidiano fortalece identidad y pertenencia, dos activos que no siempre se miden en cifras, pero que pesan en la calidad de vida de una ciudad.
También hay un componente de acceso público. El sitio municipal de cultura no solo difunde eventos; organiza una oferta permanente de espacios y programas, desde bibliotecas hasta fomento editorial, artes y economías culturales. Eso sugiere una visión de la cultura como servicio público y no únicamente como espectáculo.
Un valor turístico que va más allá de la postal
Cuenca tiene un activo turístico difícil de imitar: una identidad cultural reconocible. La UNESCO destaca que el Centro Histórico mantiene el plan ortogonal heredado de la colonia y que la ciudad refleja una evolución histórica y arquitectónica singular dentro del sur andino. Ese peso patrimonial convierte a Cuenca en un destino con relato propio, no solo en una escala de paso.
A ese patrimonio urbano se suma la dimensión gastronómica. En 2024, Cuenca obtuvo la certificación Culinary Capitals, impulsada por la Fundación Municipal Turismo para Cuenca dentro del proyecto “Cuenca Destino Gastronómico”. Según el Municipio, el proceso valoró la diversidad culinaria, ingredientes locales y paisaje bioalimentario de la ciudad.
Ese tipo de reconocimiento importa porque amplía la idea de turismo cultural. Ya no se trata solo de visitar iglesias, plazas o museos. También incluye experiencias ligadas a cocina, mercados, oficios, festivales y patrimonio vivo. En otras palabras, la cultura no atrae visitantes únicamente por lo que la ciudad fue, sino también por lo que sigue produciendo y compartiendo.
Las cifras recientes del Municipio refuerzan esa relación entre cultura y turismo. Durante el feriado de octubre de 2024, Cuenca recibió 55.479 visitantes, registró una ocupación hotelera de 59,48% y reportó 2.989 visitas en museos y casas patrimoniales, además de un impacto económico superior a USD 8,3 millones.
En el feriado del 10 de Agosto de 2025, la ciudad reportó más de 84 mil visitantes y USD 16 millones en ingresos, con predominio del turismo nacional.
Cultura como actividad económica real
A veces se habla de cultura como si fuera un gasto o una actividad complementaria. En la práctica, también es economía. La agenda cultural moviliza transporte, alojamiento, gastronomía, comercio, producción técnica, promoción, artesanías, servicios creativos y empleo vinculado a eventos y espacios culturales.
En Cuenca, esa conexión es visible. Durante el feriado de octubre de 2024, además de la afluencia a museos y casas patrimoniales, los mercados municipales recibieron 36.450 personas y el comercio reportó ventas por más de USD 1,25 millones dentro de un impacto económico total superior a USD 8,3 millones.
En agosto de 2025, el Municipio informó que los grandes comercios registraron ventas por USD 2,16 millones dentro de un movimiento económico total de USD 16 millones durante el feriado.
No toda esa actividad puede atribuirse solo a la cultura, pero sí muestra algo evidente: cuando Cuenca activa su patrimonio, su agenda y su identidad, el movimiento turístico y comercial crece. La cultura, por tanto, no es solo un símbolo de prestigio urbano; es una plataforma que ayuda a sostener consumo local, circulación de visitantes y visibilidad para sectores creativos y gastronómicos.
Además, el directorio creativo de la ciudad, alojado en la plataforma municipal de cultura, apunta a otro componente clave: la economía cultural también pasa por artistas, diseñadores, gestores y emprendimientos que dependen de circuitos de difusión, contratación y formación.
El desafío: convertir prestigio en desarrollo sostenido
Cuenca parte con una ventaja clara: su patrimonio, su vida cultural y su identidad comunitaria no necesitan inventarse. Ya existen. El reto está en sostenerlos y convertirlos en oportunidades duraderas para la ciudad.
Eso implica al menos tres tareas. La primera es cuidar el patrimonio con criterios técnicos y acceso público a la información, algo que el INPC articula a través del Sistema de Información del Patrimonio Cultural del Ecuador.
La segunda es mantener programación y espacios activos para que la cultura no dependa solo de feriados o fiestas. La tercera es fortalecer el vínculo entre cultura, turismo y economías creativas para que el beneficio no se concentre únicamente en temporadas altas.
Una ciudad patrimonial puede vivir de su fama durante un tiempo. Una ciudad cultural, en cambio, necesita renovar su relación con sus habitantes todos los días. Allí está la diferencia.
Conclusión
Cuenca sigue teniendo en la cultura una de sus mayores fortalezas porque en ella convergen memoria, comunidad, atractivo turístico y actividad económica. Su patrimonio histórico le da legitimidad; su programación cultural le da vida; y su capacidad para atraer visitantes y mover comercio le da vigencia.
En tiempos de sobreoferta informativa y discursos superficiales sobre desarrollo local, conviene volver a lo esencial: la cultura no es un lujo para cuando sobra presupuesto. En una ciudad como Cuenca, es parte de su estructura social, de su imagen ante el país y de su posibilidad de crecer sin perder identidad. Entender eso ayuda a mirar la ciudad con menos ruido y con más información confiable. (I)












