Tráfico vehicular puede estallar

En Cuenca el parque automotor crece cada año. Mucho tiempo atrás se decía que alrededor de 8 mil vehículos se incorporaban durante ese lapso. Ahora será más.

Literalmente, si una persona engorda y engorda, llegará un momento en el cual los botones de la camisa ya no soportarán el agrandamiento abdominal y terminarán reventando. 

Algo así ocurre con el tráfico vehicular, del que actualmente forman parte las motocicletas cuyo crecimiento es indetenible; además de otros vehículos unipersonales.

Mientras se expande la ciudad, los “nudos vehiculares” también crecen; los ya existentes se agravan.

También se expanden los centros comerciales, los restaurantes, y todo negocio o actividad económica que ya no cabe en las áreas tradicionales.

Se construye más edificios departamentales, demostración de una burbuja inmobiliaria, increíble por decir lo menos, y eso implica más tráfico.

Entonces, es lógico que la movilidad en Cuenca sea hoy por hoy un problema grave; es más, que se agrava día tras día, y cuyas soluciones no deben ser coyunturales, desentendidas, o colocando semáforos cada 50, 70 o 100 metros; igual que los rompe velocidades.

Desde hacía muchos años, los anaqueles municipales se llenan de “planes de movilidad”; algunos, incluso contratados. Pero la intención, por buena que haya sido, no pasó de ser eso.

No es exagerar, pero en Cuenca ya no hay avenidas, si se considera su verdadero concepto y utilidad.

Súmese el crecimiento urbanístico de las cabeceras parroquiales rurales cuyas fronteras con la ciudad apenas son imaginables.

El sistema tranviario no representa ninguna solución. No hay una circunvalación que, en verdad, desfogue el tráfico hacia otras ciudades. Se construye la terminal terrestre del sur, justo donde se produce un “embudo vehicular” incorregible.

Según aquel símil, no solo el abdomen, todo el cuerpo de la ciudad se engorda con tanto vehículo y en algún momento puede estallar.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO