Las actitudes de las personas se enmarcan en ciertos límites determinados por la moral y las buenas costumbres, y aunque pueden variar a veces los límites, dependiendo de edades, rasgos culturales o religiosos, nivel de educación, procedencia, etc, casi nunca se sobrepasan, a menos que haya la intención, velada o no, de rebasarlos, casi siempre con protervos fines.
Y me viene a la mente el tema por las inconductas últimas del señor Petro, centradas contra el gobierno ecuatoriano. Sobra explicar que el presente comentario no persigue defender al gobierno actual sino reclamar con firmeza por actitudes hostiles e inmotivadas, desacordes con una sociedad racional y civilizada. Primero fue, hace pocas semanas, lo del hallazgo de una supuesta bomba que habría sido lanzada por el ejército ecuatoriano y que, al rodar por una ladera, habría ido a parar en territorio colombiano, No faltaba más, la conclusión final del escándalo la resumía el gobierno de Petro como que estaban siendo “bombardeados” por sus vecinos del sur. Lo raro era que a la bomba del cuento se le veía vieja, vetusta y oxidada, más parecida a uno de esos cañones de los barcos piratas de hace cinco siglos.
Y esta semana nomás, el “aparecimiento” de un video en que los presentadores de noticias de un importante canal internacional acusan al presidente Noboa de tener vínculos con el narcotráfico. El video en mención ha sido compartido a través de su cuenta de X por don Petro, para ser, pocas horas más tarde desmentido por los mismos responsables del canal noticioso y aclarado que se trataba de un video manipulado con inteligencia artificial, es decir, de un video alterado adrede para causar un daño a terceros. El video fue retirado por el presidente colombiano y, como en el caso de la “bomba”, con un “aquí no ha pasado nada”, irresponsable, cínico y de mala fe.
Que pena que aquellas personas que ostentan altas dignidades y que, justamente por ello tienen mucha más obligación de dar ejemplo de cordura, de sensatez y transparencia, se sirvan de estas artimañas vergonzosas e indignas de cualquier mandatario, con el obscuro fin de ganar una campaña electoral. (O)







