Es la tarea de las universidades contemporáneas, formar la fuerza de trabajo de las sociedades en las que se desenvuelven, o debe la universidad garantizar una educación para mejorar la sociedaden su conjunto. Creo, desde una perspectiva superadora, que se puede ir más allá de este falso dilema, que no se trata de lo uno o de lo otro, aunque la solución sea compleja y llena de tensiones. Porque la universidad no puede formar especialistas cualificados sin al mismo tiempo formar ciudadanos civilizados. Entonces la formación de buenos profesionales supone un complejo constructo donde intervienen tanto la dimensión técnica como la dimensión ética. Por “buen”profesional se entiende una persona que ha logrado desarrollar determinadas capacidades, así como comprender la importancia de cultivar ciertas cualidades que persiguen una forma de vida buena. Por supuesto, en el medio de esto está un debate crítico sobre la comprensión de lo que significa ser bueno en un contexto neoliberal, donde los principios se articulan casi sin ningún escrúpulo a los intereses comerciales. Hablamos entonces de la formación de un tipo de conciencia que mantiene cierta distancia reflexiva de los dispositivos de control plenamente funcionales al sistema. Luego, la universidad no puede formar profesionales obedientes, y para ello tiene un reto aún mayor, que se expresa en establecer su propia estructura institucional en coherencia con sus postuladoseducativos. Muchos autores ubican como el centrode la formación universitaria a la educación liberal, en el sentido de una educación liberadora que, tomando las palabras de Foucault, genere procesos de cuestionamiento a las relaciones de dominación. (O)







