Según la Real Academia de la Lengua, acera es la orilla de la calle elevada y destinada al tránsito de peatones. Vereda se utiliza como sinónimo directo de acera. Sin embargo, vereda también significa un camino angosto de tierra, espacio público peatonal, generalmente en el campo.
La etimología de estas palabras nos instruye que acera proviene del latín “faciaria”, es decir fachada. En tanto que vereda se origina en “veredus” que significa caballo de posta, por ello se utilizó a nivel rural, para señalar un camino de ganado.
Cuenca, nuestra amada ciudad, es nombrada continuamente por propios y extraños. Entre ellos los poetas, historiadores, soñadores, ingenieros, arquitectos, periodistas, comerciantes, importadores, urbanistas y ambicionada por políticos, estos últimos con el ánimo de servirla según modismo “24/7”, aunque luego se vean inmersos en dilapidar su valioso tiempo en pugnas, procesos jurídicos, denostaciones y publicidad constante por la anhelada reelección.
La verdad, si ustedes, amables lectores, encuentran el tiempo para caminar por la ciudad, van a tener la ingrata sorpresa de tener que utilizar bastón aún, sin que sea el tiempo pertinente, puesto que, existe una deficiencia grotesca en la calidad y estado de las aceras, por doquier destruidas o inexistentes, de suerte tal que el ser peatón, implica un serio riesgo a lesionarse en el sistema óseo y, más fácilmente este proceso, cuando se trata de un ligero descuido del caminante o éste pertenece a la tercera edad.
Se dice que, en otras latitudes, donde el respeto por el peatón es obligatorio, una lesión producida por defecto de la acera, es motivo de una demanda que lleva al municipio a erogar pagos de alto valor frente a daños en el lesionado.
Acá, no sucede nada de esto y, además, muchas aceras están llenas de artículos extraños, que dificultan su correcto uso. Así, por ejemplo, encontramos mercadería, parlantes, vitrinas, publicidad, tarros de basura, vehículos, desniveles peligrosos, oquedades, ausencia de baldosas o afines y, algo muy triste, defecaciones de canes y el líquido de la micción de ebrios y malcriados ciudadanos, además de basura lanzada también por irrespeto a nuestra patrimonial urbe.
Cuando llegará el día en que se opte por una política de respeto al peatón, último eslabón de la cadena ciudadana en urbes como Cuenca donde, el auto es el propietario de una mecanizada y motorizada sociedad. (O)






