Retos judiciales

La nueva conformación del Consejo de la Judicatura debería (léase, debe) comprender de mínimos institucionales y de urgencias país.

Luego de las jugarretas —por parte de actores de órganos estatales— para impedir el constitucional y legal ejercicio del cargo de quien ostentaba la condición jurídica para presidir el Consejo de la Judicatura; del silencio de los entes de control; de las rápidas ternas remitidas; y de la clásica fórmula del Consejo de Participación para convertirse en ese engendro constitucional que se toma la institucionalidad del Estado, caben reflexiones que rebasan la coyuntura e imponen una reconducción del sistema. Mejor dicho, una dosis de ética y visión de país.

El Consejo de la Judicatura debe pasar de ser un órgano cuestionado en los últimos años a tener la talla necesaria para institucionalizar la justicia. Debe dotarla de herramientas tecnológicas, infraestructura y condiciones para su funcionamiento ágil, ético y efectivo. No se trata de amarres, sino de dignidad para la gente. Ya basta.

Por ejemplo, debe solucionar la ausencia de jueces y fiscales en diferentes cantones; conformar las judicaturas constitucionales dispuestas por consulta popular y cuya plazo ya feneció; dotar de jueces nacionales a la Corte; mejorar la infraestructura de los juzgados; evaluar; resolver las solicitudes -no atendidas- de jubilación de servidores; realizar el concurso de notarios; y, lo más importante, dejar de ser servil al poder de turno. Mejor servir a los ecuatorianos.

El Ecuador no puede desarrollarse ni será visto por Estados e inversionistas extranjeros, si se somete a un sistema judicial cuestionado, poco serio y debilitado por una atmósfera de persecución, escaso estudio del Derecho, improvisación y fatalismo constante desde los órganos públicos. Hay que ser serios. El sistema judicial permite que la paz florezca. Habilita un ambiente de armonía y confianza social.

No se trata de mínimos, sino de una convicción por hacer las cosas bien, que el Estado funcione, entregue respuestas y sea precisamente lo que debe ser: una construcción jurídico-política destinada a satisfacer y atender las necesidades de su gente, no de grupos, menos aún de bandas y bandidos.

Mire: si la justicia funciona, el Estado deja de ser solo apariencia; los derechos dejan de ser promesas; y el tejido social abandona el vaciamiento. Hay que marcar un norte. Hay que depurar el sistema. Seamos serios. Hay que tener talla de funcionario público, no de arribista. (O)

@jchalco 

Dr. José Chalco

Dr. José Chalco

Doctor Ph.D. en Derecho, Magister en Derecho Constitucional. Abogado de los Tribunales de Justicia de la República. Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Universidad del Azuay. Profesor de posgrado.