Bueno. Un 1 de mayo más en el que recordamos que los ecuatorianos le metemos ñeque a la chamba. Es que no hay otra. Acá, si no se camella, no hay cómo llenar las ollas. Mi presi ha dicho que metiéndole más horitas de trabajo alcanza hasta para el postre. La plena es que ahora toca redoblar el horario para llegar a fin de mes.
Las estadísticas dan cuenta de que el camello sigue siendo de lo que más preocupa a los ecuatorianos. En las plazas todavía es común ver a hombres sentados esperando ser contratados para trabajos de gasfitería, carpintería, albañilería y otros oficios que se han ido perdiendo, pero que son necesarios.
Es que el ecuatoriano se busca las formas para llevar el pan a la casa. O sino mire cómo en la Costa emergen negocios de transporte en lanchas cuando las aguas inundan las poblaciones. O cuando hay un evento deportivo aparecen los vendedores de naranjas o granizados. Acá se suda hasta la última gota para mejorar la economía.
Eso sí. Hay que pedir a las autoridades que apoyen a los negocios. Las vacunas han obligado a los dueños a cerrar sus puertas. De lo contrario les vuelan con dinamita el local. O en el peor de los casos secuestran a los propietarios y exigen miles de dólares para su liberación. Caso contrario los mandan con su creador. Eso tienen que combatir.
A nivel de la región, Ecuador es uno de los países con más emprendimientos. Pero muchos no pasan el valle de la muerte, que son los primeros dos o tres años. Y es en ese momento en el que deben entrar esos ciudadanos llamados asambleístas. Con políticas certeras que apoyen para que no se caigan esos negocios.
aLa población ya no aguanta más paros. Desde 2019 hemos estado acostumbrados a continuas paralizaciones y eso representa millones de lucas perdidas para los negocios. Así que, a propósito del Día del Trabajo, los que están en el poder deben brindar oportunidades para crear nuevas plazas de empleo. Con ello garantizamos el desarrollo de una sociedad con sus necesidades atendidas. ¡Feliz día a toda esa gente camelladora! (O)




