“El viajero ve lo que ve, el turista ve lo que ha venido a ver”.
Se ha llegado a Nabón, cantón azuayo. En el parque, rodeado de viejos cipreses abrazados, se ve un busto.
Alguien creería que representa a algún personaje pro cantonización. No, no, no.
Representa al Comandante Ariel, nombre de Jorge Vicente Patiño Aguirre, nativo de Nabón.
“Insigne nabonense. Héroe latinoamericano. Murió luchando junto al pueblo de Nicaragua. Durante la revolución sandinista, su espíritu profundamente cristiano y su convicción internacionalista le llevaron a ofrendar su vida lejos de su patria, que para él no tenía fronteras. Su ejemplo permanecerá latente entre nosotros. Nabón, julio de 1997”.
Tal es el texto acuñado en una placa. En otra, sus familiares han exaltado su nombre, llamándolo “héroe latinoamericano”, al cumplirse 30 años de su “gloriosa muerte”.
¿Y? Se recapitula sobre lo que ocurre ahora en Nicaragua, gobernado por Daniel Ortega, el líder de la revolución Sandinista, quien, con un puñado de luchadores, como Ariel, derrotaron al dictador Anastasio Somoza.
Si Ariel resucitara, cómo reaccionaría, igual que otros tantos que ofrendaron su vida, al ver que Ortega es mucho más dictador que “Tachito”; que se perenniza en el poder a sangre fuego y con votaciones fraudulentas, expatriando a sus contrincantes, encarcelando a otros; que se limpia las ingles con las libertades; que gobierna con su esposa, tan cruel como él, un maniquí con aros y manillas, y es la que en verdad gobierna porque el fallido “Comandante Daniel” no es más que un esqueleto en ruinas.
¿Qué más se vio? En una parroquia, donde el silencio y la soledad son la esencia de sus casitas tradicionales, cerradas durante la mayor parte del año, en una de ellas están personas, entre mestizas y afros, con acento costeño, vistiendo chancletas y bermudas.
Nos asaltan los prejuicios. Ganas de preguntarles ¿cómo así ustedes por estos lares? Pero nos vence el recelo. La duda nos acompaña durante el regreso.
En Ayaloma, otros bustos saludan al viajero. Representan a Gilberto Alfonso Morocho M., y a Wenceslao Carchi. Según las placas, el primero en honor al “Gran líder indígena de Ayaloma”; el segundo, en honor a “Quien con su valioso liderazgo liberó la esclavitud…”.
En el medio la imagen del Niño Jesús. A sus pies, una placa “espanglish”: “Recuerdo del Grupo Carnavaleros que residen en Orange N.Y. Divino Niños Dios. Club Los Rayos ‘New Jersey’. United States Norte América”.
La vista se sobrecoge al pasar por donde la tierra se ha tragado tantas casas cuyos restos, los que no se hunden aún del todo, como que claman para ser liberados. (O)









