El cielo se caía en estrepitosas gotas tibias sobre una tierra oliscosa de materia vegetal en reciclaje. Todo se sentía con una humedad inaudita y las gotas se reunían para hacer hilillos cuesta abajo y llegar a riachuelos caudalosos y sonoros.
El feriado me precipitó a realizar una aventura por el suroriente ecuatoriano. Una vez más extasiado por el vigor y exuberancia de la tierra gracias a su clima y agua en cantidades en la zona. Parecería que incluso el asfalto floreciera.
Décadas atrás, Galo Plaza L pronunció la famosa frase EL ORIENTE ES UN MITO, convencido de lo lejano e inhóspito del lugar, lleno de selvas exuberantes, mosquitos y alimañas. Impenetrable sino solo a loma de mula, donde vivían hombres desnudos con taparrabo, de aparentes otras épocas del mundo, que los misioneros salesianos querían volverlos cristianos, luchando contra sus prácticas propias monstruosas como tzantzas y momificaciones en base de yerbas y con otros conceptos diferentes de la muerte y el cielo futuro, que muchas de las veces les valió para ser mártires del cristianismo al ser asesinados por los indígenas.
¿Mito? Pues no lo fue. Es hoy un territorio que brinda riquezas infinitas para el estado, gracias a sus reservas petroleras y el precio del petróleo, verdadero oro negro del momento. Cultivos propios y regios de productos de calidad y de consumo diario para abastecer nuestros mercados y el desarrollo de lindas ciudades como Sucua y Macas, donde uno se siente como en unas pequeñas metrópolis donde se encuentra de todo, desde chucherías chinas, llegando a ventas de autos, maquinarias y otras cosas del verdadero primer mundo. El turismo ofrece variadas opciones y se encuentran hoy muy atentos al cuidado del turista que deja réditos, donde participan, incluso, comunidades shuaras con sus ancestrales prácticas y danzas.
La vialidad es el talón de Aquiles. Sabiendo que las carreteras cruzan montañas a las que abren heridas en sus construcciones y con la inestabilidad de los taludes y la enorme humedad de las precipitaciones, se producen enormes deslizamientos que borran partes importantes de las vías, volviéndolas de terror y difícil arreglo. Aquí el enorme problema y que no es fácil su arreglo, pues el gobierno y las entidades encargadas de la vialidad, no pueden arreglar rápido estos difíciles y múltiples despeñaderos. En Macas tenemos un espléndido aeropuerto, pero no es por donde salen los productos y la masiva visita de turistas.
Es una zona de infinita riqueza. No es un mito. (O)







