Néstor García Canclini a finales de los ´90 del siglo pasado introduce la noción de que el Patrimonio Cultural es un espacio de disputa simbólica, política y económica. Argumenta que, las contradicciones en el uso del Patrimonio Cultural, involucra a tres actores principales: El Estado, el sector privado y la ciudadanía. Otros autores hispanoamericanos entienden el patrimonio como un dispositivo de construcción social y memoria, que suele ser objeto de tensiones entre la hegemonía institucional y las comunidades. Lo cierto es que, todos los expertos dicen que el conflicto es casi infranqueable. «Pues esta perspectiva crítica busca distanciarse de la idea tradicional de que el patrimonio es simplemente un legado neutral que se debe preservar, enfatizando que su selección y uso reflejan las relaciones de poder de una sociedad». De primera mano hemos visto espacios patrimoniales en sus distintos momentos y, podemos aseverar que, una es la teoría y otra la práctica. La realidad es sorprendente. Recordemos que, uno es el pensamiento del profesor, que leyó a García Canclini, Marc Augé, Derridá, Laclau, etc. otro del técnico de escritorio, otro de la autoridad y sus disposiciones, otro del desarrollador inmobiliario, otro del historiador, otro del conservador restaurador, otro del antropólogo, otro del dueño del bien patrimonial y sus intereses y, otro del público que disfruta y se apropia de un espacio al que lo hace suyo, se beneficia y le conviene, mientras los otros reflexionan. Entonces, llegando a una corta conclusión, creemos que, cada lugar es un universo compuesto de varios mundos en su interior. Al parecer los que están en disputa serían los discursos expertos, los otros, los que viven y gozan del espacio patrimonial, lo sienten como propio. (O)










