¡Qué pase luego…, no lo sé, ni me importa! Esmeraldas necesita, para el progreso y satisfacción de sus necesidades, un número mayor de días de descanso, se reclama. Ecuador está por patentar nuevos estilos de vida, se intuye. El mandato de los sentidos empieza a mostrarse victorioso. La mente y sus reflexiones dejan de tener hegemonía. Detalles sobre el origen de estas frases ustedes los conocen; empezamos a ser atosigados por enunciados que ofenden la razón si bien proceden de gente que sí la posee, pero aún no ha descubierto para qué sirve.
Imposible avanzar si en un país pequeño como el nuestro no es posible llegar a la comprensión de términos indispensables en el diario accionar tales como justicia, responsabilidad, pobreza, riqueza, progreso, trabajo y algunos más. Las escuelas y colegios, en buena parte, han perdido el norte; en muchos de ellos ya no se enseña aquello que deben saber los estudiantes sino aquello que es cercano a la ideología a la que pertenecen quienes lo dirigen. Hemos puesto al país patas arriba con un extraño resultado: empieza a dolernos intensamente la cabeza. Creo que esta fase en la que estamos puede ser positiva si nos percatamos que aún tenemos cabeza, que la cabeza es nuestra y que sirve también para pensar.
El nueve de octubre, Deo favente, cumpliré noventa y un años. Desde mi atalaya la mirada proyecta paisajes diversos. El apuro ha cambiado de ritmo. La prisa se ha tornado lenta y la mirada empieza a divisar aquello que no pudo hacerlo antes. Tengo conciencia de no ser un espécimen raro. Cada etapa de la vida tiene sus mandatos, sus prisas y también su tiempo de reposo. Lo sano es vivir todo tramo con las normas y preceptos perennes de la especie humana. (O)






