Seguridad ciudadana: La tragedia no anuncia su llegada 

La seguridad ciudadana suele asociarse con patrullajes, operativos policiales, videovigilancia y presencia institucional en espacios públicos; sin embargo, los recientes hechos violentos ocurridos —presuntos femicidios y muertes autoinfligidas— en ámbitos privados evidencian una dimensión más compleja: aquella donde los conflictos, las decisiones y las conductas humanas se incuban silenciosamente lejos del control estatal.

El hogar y la escuela, históricamente concebidos como espacios de cuidado y formación, también se han convertido en escenarios de violencia e incluso de muertes autoinfligidas. Esta realidad demuestra que la violencia no proviene únicamente de estructuras criminales visibles, sino también de relaciones deterioradas y dinámicas cotidianas que erosionan la convivencia social.

Allí surge una de las mayores tensiones para cualquier sociedad democrática: ¿Hasta dónde puede llegar el Estado, en nombre de la seguridad, sin vulnerar la privacidad, la intimidad y la presunción de inocencia? Más grave aún resulta cuando existen señales previas y no se activan mecanismos eficaces de prevención, seguimiento y respuesta desde los sistemas de seguridad y justicia -como parte de una política pública explícita-.

No obstante, tampoco puede normalizarse una vigilancia permanente sobre la vida privada de los ciudadanos. La seguridad ciudadana debe sostenerse sobre el respeto, la corresponsabilidad y la convivencia democrática, orientados a preservar el orden público y social.

Muchas conductas y conflictos permanecen fuera del alcance de la Policía, la justicia y del propio Estado. Una amenaza ignorada, una discusión aparentemente menor o una relación directa o indirecta marcada por formas de violencia desapercibidas pueden transformarse, en segundos, en hechos irreversibles. Esa limitación, sin embargo, no exime a las instituciones de actuar con firmeza, rapidez y eficacia una vez cometido el delito.

La violencia ya no distingue entre lo público y lo privado; hoy, el miedo y la inseguridad atraviesan incluso aquellos espacios que antes eran considerados refugios de protección. Por ello, además de la respuesta institucional, resulta indispensable fortalecer una cultura de prevención, prudencia y responsabilidad social.

La tragedia no anuncia su llegada; simplemente ocurre y, cuando sucede, sus consecuencias dejan de ser individuales para convertirse en una herida que termina golpeando a toda la sociedad. (O)

Mgtr. Vivianna Bernal

Mgtr. Vivianna Bernal

Servidora de carrera y profesional en temas de género, violencia y seguridad ciudadana. Realiza asesoría a través de su marca personal “Soy Violeta”.