La gente que nos dice la verdad

A veces ocurre que, cuando las personas, las empresas o las instituciones alcanzan cierto éxito, poco a poco dejan de escuchar.   No es de un día para otro, sucede más bien de forma gradual, ya que conforme el reconocimiento aumenta, las críticas disminuyen.

El éxito distorsiona, o como señala Sahil Bloom, conspira contra nosotros. Empezamos a creer que realmente somos tan buenos como nos dicen y, al mismo tiempo, las personas alrededor dejan de sentirse cómodas diciendo lo contrario. Criticar se vuelve incómodo, contradecir parece riesgoso. Resulta más fácil estar de acuerdo, felicitar y seguir adelante.

Leland Val Van De Wall manifiesta que el grado en que una persona puede crecer es directamente proporcional a la cantidad de verdad que puede aceptar sobre sí misma sin salir corriendo.

A nadie le agrada escuchar aquello que cuestiona la imagen que tiene de sí mismo. Pero probablemente una de las mayores señales de madurez personal o institucional es precisamente esa, la capacidad de tolerar conversaciones incómodas sin percibirlas como amenaza personal.

Porque cuando desaparecen las voces honestas, algo se rompe.  Las personas empiezan a rodearse de versiones editadas de la realidad, las organizaciones pierden contacto con lo que ocurre fuera de sus círculos más cercanos. Y quienes antes podían corregir errores terminan atrapados en cámaras de eco con una realidad distorsionada.

Qué importante resulta tener cerca a esa gente rara que todavía se atreve a decirnos la verdad. No desde el ataque ni desde el cinismo, sino desde una mezcla de honestidad y afecto. Porque, no nos engañemos, solo personas a las que realmente les importamos se atreverán a decirnos no lo que queremos escuchar, sino lo que necesitamos escuchar. (O)

@ceciliaugalde

Dra. Cecilia Ugalde

Dra. Cecilia Ugalde

Comunicadora, doctora en Marketing. Docente e investigadora en la Universidad del Azuay. Ha hecho publicaciones en alfabetización mediática, redes sociales, marca y comportamiento del consumidor.