El caso Progen, en el que el Estado ecuatoriano perdió muchísimo dinero, gracias a la compra de unos generadores termoeléctricos más truchos que el terremoto de la “noche de los giles”, generadores que debían haber servido para reducir el déficit de energía eléctrica, merece que los funcionarios y magistrados encargados de juzgar la estafa lo hagan de manera diligente y honesta. Ya se oye nomás por ahí que como nadie quiere responsabilizarse de semejante negociado, nadie quiere asumir las culpas, pues de seguir en ese compás a lo mejor vayamos a concluir en que fue un grupo de “fantasmas” quién firmó el contrato y luego se mandó a cambiar a lejanas y cálidas playas extranjeras.
En el caso Sinohydro, una obra “emblemática” de la década bailada, el sobreprecio multimillonario lo pagamos todos y cada uno de los ecuatorianos, con fisuras incluidas. Los chinitos son tan meticulosos en sus cuentas que, increíblemente han hecho constar en sus libros de cuentas el monto exacto, hasta con centavos, de la millonada que entregaron a unos intermediarios vivísimos y también a altos funcionarios del gobierno con el fin de conseguir la adjudicación de la obra. La recomendación para fiscales y jueces es, asimismo, que “pelen las pepas”. Ni odios ni favores, solamente imparcialidad y apego a las leyes.
Finalmente, uno de los candidatos para ocupar el cargo de fiscal de la nación, ha denunciado que en la fase de méritos no ha sido correctamente calificado. El candidato se siente perjudicado por las personas que examinaron su carpeta. Y esto no es sino uno más de los tropiezos que ha venido sufriendo el concurso en mención. Ojo, que no estoy dando la razón al denunciante, pero su actitud acrecienta las dudas sobre la nitidez de procedimientos, sobre la independencia y sobre la transparencia de un concurso que, indiscutiblemente, debe concitar la atención ciudadana pues se trata de la designación de uno de los más altos funcionarios del Estado y pieza clave en el engranaje de la lucha contra la corrupción en el país. Este es un concurso al que hay que vigilarlo con lupa. (O)




