Con un nuevo proceso electoral a las puertas, creo que es hora de repensar un elemento que, hace rato, se ha convertido en el centro y el propósito de la campaña: las redes sociales. Y lo digo porque, con las nuevas generaciones incorporándose progresivamente al padrón de población votante, las redes sociales han pasado de ser una peligrosa adicción a convertirse en un código de conducta. Y de pronto, esa suerte de exhibicionismo malsano con el que se comparte con el mundo la información más íntima e intrascendente – desde el anuncio del nuevo novio hasta la foto del café con tigrillo del desayuno – pasando por el autoanálisis psicológico y la reflexión existencial sobre la inmortalidad del cocodrilo, se han convertido en patrimonio de algunos candidatos que, atesorando sus bien ganados títulos de “influencers” o “tiktokers”, buscarán dirigir nuestra culta y sensata ciudad. ¿Dirá usted, señor candidato, que no, que esto no se le aplica? Pues lo felicito. Y si, por otro lado, le cae el guante… Pues entonces sí, ajá, ¡a ti te digo!
Lo cierto es que ahora el principal indicador ya no pasa por los datos objetivos de la gestión, la formación académica, la experiencia o las avalanchas de demandas o denuncias, sino por el número de seguidores. ¿La salud mental? ¿El acervo cultural? En tiempos donde la IA “da pensando” y las redes sociales “dan socializando”, estas minucias se pasan por alto. Mientras tanto, la política sigue saturándose de conexiones superficiales y conversaciones banales, llenas de tremendos malentendidos, pues en un chat no se puede mirar al otro ni detectar los momentos de duda, rabia o falsedad. En las redes, uno muestra lo que quiere mostrar. Entre personas, tarde o temprano, uno se delata. Las redes sociales pueden llenar los ojos, pero tarde o temprano vacían el corazón. El suyo también, señor candidato.
Y luego, en el otro extremo del manicomio, está el tema de la responsabilidad respecto al troll centers y las hordas digitales que acechan al candidato opositor, exponen su información más personal y buscan su error más “viralizable”. Esos trolls que usted niega indignado, señor candidato. Aunque todos sepamos la verdad… (O)
@andresugaldev


