Recuerdo, desde la más lejana infancia, la celebración de la Cruz de Mayo como un acaecimiento jubiloso; padres, hermanos, peones y los hijos de los peones, en procesión con ofrendas a la Cruz de la “Loma del Tasqui”, nuestra loma, para engalanarla de castillos, también en cruz, dos tallos de maíz en flor y choclo adornados con los primeros frutos de la chacra y la apoteosis de la fiesta arriba; adoración, canciones y plegarias, ofrendas, chamiza y glotonería de golosinas, sabrosuras que aún hacen salivar. Después, durante todo el mes, en la Iglesia parroquial, en la escuela, en los caseríos y en las lomas del pueblo coronadas de cruz, la tradición se repetía.
La celebración de la “Cruz de Mayo” coincide con la aparición en el cielo nocturno austral, primeros días del mes, de la constelación de la Cruz del Sur, brillando al sur-oriente sobre la Loma de la Cruz, (Cruzurku, Cruz Loma, Ictiocruz), como observó Hernán Loyola Vintimilla+ desde Pumapungo. La constelación de la Cruz del Sur, referente astral de la Cosmovisión Andina, Chacana, escalera o mesa ritual como también registraron algunos cronistas, asoma en nuestro cielo nocturno los primeros días de mayo y desaparece hacia finales de junio. En la fiesta de la Cruz de Mayo, trascendencia del ritual ancestral, se ofrendaba a la Cruz con los primeros frutos de la chacra en agradecimiento por la fertilidad de la tierra, por la germinación de las semillas y los primeros frutos del ciclo agrario, tradición integrada al santoral católico con la fiesta de las Cruces del 3 de mayo con nueva liturgia, limosnas y caridad que sustituyeron al principio de reciprocidad andina.
La Chacana, representación ritual andina de la Constelación de la Cruz del Sur era cuadrada, tan ancha como larga, anota Garcilaso de la Vega describiendo la Cruz del Cuzco presente en la iconografía incaica antes de la llegada de los españoles, es simbología recurrente en diversas manifestaciones culturales andinas como en la arqueología,(arquitectura y cerámica principalmente) en artes y artesanías, en la cotidianidad festiva y protectora como en caminos, en la cruz de las casas, de las parvas, de las ofrendas, de urnas y lapidas y en lugares considerados especiales(wakas) como páramos, cerros y miradores. (O)








