Asesinato debe esclarecerse

Aún está fresca en la memoria colectiva, y lo estará por siempre, la desaparición forzada y el posterior asesinato de los cuatro menores de edad, ocurrido en diciembre de 2024, un caso conocido como el caso Malvinas.

Cuesta creer que año y medio después, otros ocho jóvenes, dos de ellos menores de edad, hayan sido masacrados, envueltos en sacos de yute, y echados a la vera del camino.

En ambos casos, las circunstancias son distintas. En torno al segundo, las investigaciones determinarán lo que realmente ocurrió.

Ocho jóvenes, que hace una semana salieron a pasear en motocicletas – es lo que se informa por el momento – habrían sido, supuestamente, confundidos por ser parte de una banda delictiva por otra de similar calaña.

Según sus familiares, ellos nunca estuvieron involucrados en el mundo del delito; algunos se dedicaban al agro, otros estudiaban.

Sí es cierto que el aparente secuestro o lo que fuere, ocurrió a plena luz del día. Esto confirma el alto grato de inseguridad en el que vive la mayoría de las poblaciones de la Costa.

Abundan las bandas delictivas. Muchas son producto de sus divisiones internas. Son parte de los grandes grupos de delincuencia organizada que, entre sí, se disputan el mercado del microtráfico, del secuestro, de las extorsiones, además de asaltos, robos en domicilios, de vehículos, y un largo etcétera.

Nada raro sería que los ocho jóvenes fueron víctimas de avezados delincuentes, para los cuales la vida ajena vale menos que la de una mosca. Actúan con saña y salvajismo, que hasta hacen dudar de su humanidad.

En el Ecuador, en el pobre Ecuador para muchos, la violencia sigue imperando; los grupos delictivos, lejos de rendirse, crecen; las detenciones de algunos de sus cabecillas o la incautación de armas, dinero y drogas; de quemarse sus guaridas, de las “bajas” constantes, no los hacen retroceder.

Ojalá que tan cruel asesinato no quede en la impunidad. Lo exige todo el país.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO