La escucha al otro, no únicamente por el mero hecho de hacerlo, sino para rectificar, vaya que es plausible.
Con mayor razón si es el Gobierno el que decide escuchar a la gente.
Empero, la médula del asunto radica en los matices, en las coyunturas, en las conveniencias.
En la actualidad, las redes sociales son el canal más expedito y espontáneo para que la gente se exprese, comente, diga lo que le parezca, sin importar a favor de quién, en contra de quién; y, a lo mejor, sin conocer el tema sobre el cual se pronuncia.
No deja de ser sintomático; curioso, además, que el Gobierno haya decido enviar al tacho de la basura el resultado de un concurso público internacional, cuyas bases fueron elaboradas por un gremio profesional de prestigio, con amplio conocimiento de la razón de la competición, con el argumento de que escuchó a la ciudadanía.
Nos referimos al concurso para el diseño del Museo Nacional del Ecuador.
Declarado al ganador, vino la avalancha de críticas, de alguna manera, esperadas, con las más variopintas desaprobaciones, muchas de ellas, suponemos que alejadas del conocimiento, de la técnica y de otros parámetros.
Levantada la polvareda, emergieron detalles como que al jurado técnico se le habría insinuado que ubique en segundo lugar a determinado participante, con miras a darle el primer lugar aduciendo algún motivo.
Nunca antes un Gobierno resolvió escuchar al otro, es decir a la gente, muchos menos en redes sociales, y enderezar rumbos. No lo ha hecho el actual.
Lo cierto es que en un segundo proceso, al recomendado para que se lo ubique en segundo lugar, cuando su propuesta no merecía más que una mención, se le declara ganador.
El tiempo dirá si, como revelan las investigaciones, el Museo quede apenas como un lunar en medio de inmensos edificios a construirse a su alrededor, y que son el interés del negocio inmobiliario tras el cual están personajes con influencia económica y política.







