La universidad no fabrica profesionales con título. No se trata de una producción en serie, con diferentes colores, números, registros, dimensiones y envoltura para poner en el mercado.
El rol de la universidad es formar a seres humanos íntegros e integrados a su realidad, que miren y abracen oportunidades y desafíos. Formar pensadores que puedan dar respuesta y solución a problemas reales de su entorno (y, consecuentemente, del país y del mundo). Personas capaces de incidir en su territorio, cuidar el planeta, en cada realidad, con un razonamiento crítico, uso de método, búsqueda de la verdad, cuestionamiento y capacidad de transformar. No se trata ni de enlatados ni de producción serial.
Cada estudiante que se forma en la universidad es un mundo y una realidad. Es una vida. Su cosmovisión, sus antecedentes, su mirada y anhelo del futuro, su presente. Entregarle herramientas, ilusiones y sentido humano es el rol del sistema de educación superior. Pero va aún más allá. Los estudios universitarios inciden en la comprensión subjetiva de la dignidad humana. Es cierto.
Matthew Andersson realizó un estudio potente. La brecha en la dignidad subjetiva asociada a la educación universitaria es tan grande como la diferencia vinculada al hecho de que una persona tenga o no tenga empleo. Pues entrega ilusión, realización, sentido de superación y expectativa de vida. Igualdad y comprensión de la diversidad.
La universidad debe avanzar siempre observando. Dignidad, como centro de formación de personas conscientes de su valor y del valor de los demás. No es aislado, no es monismo, es en comunidad. No se hiere a otros, se protege y alivia. Verdad, como la búsqueda de sustantivos a través de métodos rigurosos que posibilitan su encuentro. Pensamiento crítico, como aprender a preguntar, contrastar, argumentar y cuestionar. Discernimiento, en un mundo de mentira y posverdad. Responsabilidad y excelencia como aspiración que rebase la mediocridad. Ética, para la comprensión de qué se puede hacer y qué se debe hacer. Autonomía, que se defiende incansablemente, aún más ante sistemas viciados por el irrespeto. Pluralismo, para que la diferencia sea aceptada y tengan, todos, las oportunidades de realizarse. Libertad, esperanza y futuro como sustantivos y principios para cuidar y transformar.
No se trata de profesionales (que sí, de excelencia, calidad y técnica), sino además de personas en un mundo que reclama urgente: más humanos listos para cuidar y abrir caminos. Para navegar. (O)
@jchalco




