Cuenca, la perdedora 

Nuestra querida Cuenca, ciudad única por sus atributos naturales y antrópicos, ha sufrido un acelerado proceso de crecimiento y modificación, sin estrictamente poseer una planificación acorde a la realidad que nos ha correspondido vivir, en el siglo XXI. De manera caótica existe una alta demanda de suelo para construcción y esto hace que el costo de la tierra, en nuestro entorno se vuelva inalcanzable, razón por la cual un segmento de la población azuaya y forastera, se vuelque a zonas periféricas y parroquias rurales, que también han incrementado su tamaño merced a la explosión demográfica alcanzada. 

La baja seguridad o, mejor dicho, la inseguridad, la movilidad, la vivienda, el estado crítico de la vialidad, el costo de la vida, la escasa oferta laboral, la urbanización acelerada y la amenaza del patrimonio; por lo que se genera una serie de conflictos por proyectos de infraestructura que afectan zonas residenciales. La bulla y el ruido no controlado por autoridad competente, el caos en el tránsito, la degradación que sufre nuestro máximo exponente de la naturaleza como es el Parque Nacional de El Cajas, por la defensa del recurso hídrico y su entorno, son aspectos que deben ser tratados con la celeridad que requieren.  

Mientras todo esto ocurre, la política se ha vuelto turbulenta. A diario escuchamos epítetos denigrantes y ofensivos. Cuando, la Política, al ser una ciencia de confrontación, debe ser llevada con razón, elegancia y fundamentos, con formación y muestras de integridad, empatía y capacidad de escucha, transparencia y una visión clara del futuro. Debe ser una gran impulsora del dialogo, la negociación dirigida hacia un sólo norte, el bienestar colectivo. 

Se dilapida el noble tiempo pagado por la ciudadanía en asuntos de bajo nivel y se descuida la solución a los grandes problemas de la contemporaneidad que afectan el crecimiento y desarrollo. Cuenca, la Atenas del Ecuador, tiene características que son el fruto de lo alcanzado por nuestros ancestros; no nos merecemos la suerte actual, el vocabulario ni la conducta exhibidos como representación de autoridad, expresiones con las que ni al pueblo más desconocido amerita tratárselo. Los cuencanos, exigimos una revisión en la forma de comunicarse de unos y otros, adoptando un tono respetuoso y un accionar en consideración del rol y representatividad que debe primar en nuestras autoridades. 

Cuenca, nuestra amada urbe, resulta ser la perdedora de estos diferendos que nos conducen a estar en la mira del mundo, con procesos que denigran la educación y el nivel de la capital morlaca. (O)

Dr. Eduardo Sánchez

Dr. Eduardo Sánchez

Doctor en Química por la Universidad de Cuenca. Excatedrático de la Universidad de Cuenca. Director del Proyecto “Reproducción de orquídeas por semillas”. Conferencista y articulista internacional.