Hace unos días, El País, uno de los medios más importantes de España, publicó un reportaje sobre la situación de las cárceles en Ecuador. La nota, firmada por la periodista ecuatoriana Carolina Mella, expone en una plataforma internacional y acreditada un problema doloroso que todavía no ocupa en el país el lugar que merece en la discusión pública.
No se trata únicamente de una crisis de seguridad, sino de una crisis humanitaria sostenida, agravada por la falta de información oficial suficiente, por las denuncias de abandono estatal y por la normalización de la muerte dentro del sistema penitenciario.
Los esfuerzos del periodismo local han sido importantes, aunque no siempre han tenido el eco necesario. Bessy Granja, periodista de Ecuavisa, reportó en septiembre del año pasado la crisis sanitaria en las cárceles, particularmente el abandono estatal y las condiciones de salud que afectan a las personas privadas de libertad, con énfasis en los brotes de tuberculosis.
Karol Noroña, desde CONNECTAS y Tierra de Nadie, publicó una investigación dolorosa sobre las condiciones de las cárceles ecuatorianas y el registro de muertes durante 2025. Su trabajo documenta que más de 1.220 personas privadas de libertad murieron ese año, una cifra que debería bastar para instalar una discusión nacional seria. A ello se suman alertas de organizaciones de derechos humanos sobre la Penitenciaría del Litoral, donde se han denunciado muertes asociadas a tuberculosis, desnutrición, falta de atención médica y condiciones incompatibles con la dignidad humana.
Estos ejemplos dan cuenta del profesionalismo y compromiso del periodismo ecuatoriano, tanto dentro como fuera del país.
Sin embargo, también evidencian un problema adicional: la crisis carcelaria no logra sostenerse en la agenda política y mediática con la fuerza que exige su gravedad. Por eso, cuando el tema llega a un medio internacional, el efecto en la conversación local es inmediato.
No porque el problema sea nuevo, sino porque la mirada externa obliga a poner en perspectiva aquello que internamente se ha ido naturalizando. Más todavía cuando el reportaje titula que “el modelo de seguridad de Bukele naufraga en el Ecuador de Noboa”.
La ventaja de una cobertura internacional es que además compara, contrasta y evalúa. Y en esa evaluación, por supuesto, Ecuador reprueba.
No se trata de quién lo dijo primero ni de quién investigó más. Lo que corresponde como sociedad, ante los esfuerzos de Carolina Mella, Bessy Granja, Karol Noroña, Mónica Velásquez y otras periodistas, es exigir que se investigue, se discuta y se explique lo que ellas han expuesto con valentía.
Ojalá ese sea el primer paso hacia una verdadera voluntad política para enfrentar, con datos, transparencia y apego a los compromisos internacionales de derechos humanos, el doloroso problema del sistema carcelario ecuatoriano. (O)
@avilanieto










