Cuando encuentro un empeño para recordar algo valioso y más de un ser excepcional y su alma, me solazo y aplaudo el esfuerzo y en este caso monumental, en un libro magnifico en forma y fondo editado por la Universidad del Azuay y su autor Felipe Diaz Heredia, que trae a la vida y a nuestros recuerdos, a OSMARA, nombre artístico de Carmen Estrella Villamana, la bailarina de los pies desnudos, como la llamaban en los círculos artísticos de danza y teatro.
Osmara, igual que sus ancestros que con caballos y arcabuces colonizaron América y se asentaron en Tumipamba, la antigua Cuenca, la bella rubia española, arreando velas y aguijoneada por esa diminuta abeja que pica y se llama destino, caminó elegante con sus pies desnudos, por Cuenca y sus calles de adoquines labrados con piedras del Cojitambo. Cubierta de una capa o más bien chalina y con su eterna y bella sonrisa, fue parte amable y alegre del paisaje, como una retama florida. Casada con un singular y esplendido pintor y artífice cultural, con obras magnificas de cubismo, Ricardo León, juntos realizaron una labor inconmensurable en bien de la cultura cuencana.
Un abrazo enorme a todos los que participaron en esta elegante y magnifica obra, con recuerdos que son los míos mismo, que comparto con el Sr Rector Francisco Salgado Arteaga, y al ser compañero en medicina de Fabian Cardoso y por estudiar todos los días en su canal de televisión donde Osmara, diariamente y por mucho tiempo, trabajó como comunicadora, y así, una pausa y un café en nuestras actividades, nos convirtieron en amigos entrañables.
Difícilmente se puede encontrar una mujer como ella, que terminó por ser una cuencana más de talle y viento. Los ríos, las brizas de la tarde, las heladas mañanas de agosto y las lluvias germinadoras, fueron parte de ese espíritu que, con su danza y sus innumerables fotografías artísticas, son parte nuestra y de muy adentro. Fue, silenciosa y maravillosa mano que regó semillas de arte en generaciones de jovencitas cuencanas, que la seguían hipnotizadas. Instituciones como Universidades, Conservatorio, medios de comunicación y su singular y diminuto teatro, el Candilejas de su marido, único reducto donde se pasaban películas muy pícaras para la época.
Un libro singular. Un libro que despierta la memoria y perenniza una vida y nombre que nos enorgullece como sociedad y ciudad. Felicitar y abrazar a todos los que escriben y se lucen en prólogos, presentación y archivos fotográficos, es para mí un grato honor. (O)






