La última esperanza

La lectura del ánimo social, del nivel de optimismo de la población y de su manera de proyectarse hacia el futuro es una variable central en la comunicación política. Un electorado que conserva esperanza suele estar más dispuesto a ratificar liderazgos, conceder tiempo a los gobernantes y aceptar nuevas disposiciones, incluso cuando implican costos económicos. El ánimo social no reemplaza a la gestión, pero sí condiciona la forma en que esa gestión es recibida.

Ocurre lo contrario cuando la desesperanza, el miedo o la indignación predominan en la conversación pública. En esos contextos, la ciudadanía se vuelve menos tolerante frente al error, más vigilante ante la contradicción y más proclive a castigar a quienes identifica como responsables de su frustración. La esperanza sostiene; la frustración cobra factura. 

De ahí que el rol de la Selección pueda interesarle al gobierno. La última esperanza se juega hoy no solo en la permanencia de Ecuador en el Mundial, sino también, hasta cierto punto, en proyectos políticos que dependen del ánimo de la población. Con un rechazo superior al 70 % y una confianza que no supera el 23 %, según la encuesta de mayo de CIEES, al menos el fútbol ofrecía una pausa frente a la frustración política. No resolvía los problemas, pero los suspendía por noventa minutos.

Si bien el Gobierno nacional y los gobiernos locales que buscan reelección no dependen directamente de los resultados futbolísticos, les conviene encontrar una población menos crispada, más optimista y algo más alegre, aunque esa alegría provenga del fútbol y no de la política. (O)

@avilanieto 

Dra. Caroline Ávila

Dra. Caroline Ávila

Académica. Doctora en Comunicación. Especialista en Comunicación Estratégica y Política con énfasis en Comunicación gubernamental. Analista académica, política y comunicacional a nivel nacional e internacional.