Un partido más

No siempre se conceden nuevas oportunidades.  Por eso, cuando llegan, hay que saber reconocer y aprovecharlas.  Ecuador consiguió un partido más en el Mundial de fútbol de la forma menos probable posible: ganando a quien nunca había podido vencer: la temida Alemania.  Así son las oportunidades.  Llegan con sorpresa, se abren paso contra todo pronóstico y devuelven ilusión.

Los resultados futbolísticos, en un país atravesado por tensiones políticas, inseguridad e incertidumbre económica, no resuelven problemas, pero permiten respirar.   El fútbol tiene esa capacidad de suspender por un momento la dureza del día a día.   Brinda un ambiente de optimismo, se convierte en una ventana que permite refrescar la tensión.  No reemplaza las urgencias o las respuestas que el país necesita, pero ofrece optimismo y esperanza. Y vaya que el Ecuador la necesita. 

Ojalá algo de esa energía contagie también a la vida pública.  Que los políticos, que deben decidir alianzas y candidaturas para noviembre próximo, entiendan que el país necesita altura de miras.  Que los gobiernos locales y nacionales puedan encontrar espacios en común en un entorno que abrace el respeto al otro y escuche sus justas demandas.  Que los funcionarios, de cuya atención dependen los servicios públicos, recuerden que detrás de cada gesto hay personas que esperan respuestas.   

Un partido más puede ser solo eso: noventa minutos adicionales en una competencia. Pero también puede ser una metáfora.  Una oportunidad para creer que todavía hay margen, que incluso cuando todo parece cuesta arriba, es posible insistir. Que por un momento se piense en colectivo más que en el beneficio del individuo.  Un partido más, para poder respirar, a través del fútbol, una sociedad posible. 

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO