La ciudad, mi ciudad, nuestra ciudad, está gobernada desde hace diez días por una alcaldesa subrogante, que llegó al cargo debido a que el titular fue suspendido en sus derechos políticos e inhabilitado para ejercer cargos públicos, a consecuencia de haber cometido la infracción electoral tipificada como violencia política de género. Es decir Marisol Peñaloza asume como burgomaestre debido a los excesos, irrespetos y abusos de Zamora.
La situación no amerita regocijo de nadie, pues la sanción al alcalde –merecida-, queda registrada en los anales como un hecho que avergüenza.
Al asumir el cargo Peñaloza ha declarado claro, alto y reiteradamente el respeto al electo en las urnas, al que considera un gran líder.
Hay algunas señales que hacen presumir diferencias con aquel a quien reemplaza, como prescindir del personal de seguridad que dice ella no necesitar; suspender los viajes al exterior de concejales, gerentes, coordinadores y directores, en los casos en que impliquen egreso fiscal; propone e inicia acercamiento con el gobernador de la provincia; reemplaza a los dos principales asesores de Zamora.
Seis meses es poco para transformar, pero mucho para dañar.
Por el bien de la ciudad que su trabajo la avale.
Amanecerá y veremos. (O)





