Encontrar expresiones como las del candidato Roberto Sánchez perdedor en las elecciones presidenciales del Perú cuando dice: “No reconoceremos el gobierno de la señora Fujimori”; o las de Gustavo Petro, quien inclusive, cuando ya Iván Cepeda admitiera su derrota ante Abelardo de la Espriella en Colombia al manifestar: “si no aclaran el fraude electoral de aquí no me mueve nadie” configuran ese desacato político ideológico a la voluntad de los pueblos.
Además, secundado por mandatarios como Lula da Silva muy activo en redes sociales expresando su descontento natural por los resultados de Perú y Colombia, sumado a Claudia Sheimbaum en Mexico quien sistemáticamente ha dedicado muchos esfuerzos para negar el triunfo de los opositores a su tendencia, les convierte en pésimos perdedores, con un escaso nivel de responsabilidad democrática.
En 2016 Pedro Pablo Kucsinsky ganó las elecciones a Keiko con 0,24% -cerca de 42 mil sufragios de un espectro electoral de 17,3 millones de votos válidos- y la candidata aceptó sin problemas, pues la garantía de la ONPE, considerada una de las más serias entidades del Perú, dio su aval al triunfo. Ocurrió en Ecuador cuando Guillermo Laso aceptó la pérdida de las elecciones con Lenin, luego del apagón, que cambió abruptamente las tendencias.
La izquierda torcida no reconoce las realidades pendulares de la expresión de las masas; en un momento en el cual difícilmente se responde a una ideología real, sino a consignas populistas o se vota por la simpatía del candidato, los electores acuden a las urnas basados en un criterio personal, inclusive definido en las últimas horas.
La carencia de capacitación política y formación ideológica de los partidos y movimientos políticos actuales hacia sus militantes o adherentes, es alarmante; la gente no vota por fundamentos teóricos-prácticos políticos, ni por planes con sustento para mejorar los niveles de vida, encontrar empleo, identificar las causas reales del caos en la salud; y quienes en la práctica desarrollan sus estrategias para alcanzar bienestar para sus pueblos, trabajando por ejemplo, contra la inseguridad, son tildados de antipatrias.
En esta época los resultados electorales son pendulares; de aquella tendencia oprobiosa del Foro de Sao Paulo van quedando Lula, Sheinbaum, Daniel Ortega y Díaz-Canel en sus últimos días en Cuba, juntos como hermanos, para acusar de ser perseguidos por el “law fare” y tratar de ocultar sus trapacerías, sobreviven y someten a sus pueblos al desconcierto, pobreza, y desconfianza.
Keiko, tendrá la ventaja de actuar con el sistema de bicameralidad de la nueva asamblea peruana, por lo cual se advierte que ya no actuará la ruleta de la mayoría simple de diputados que descabezaba presidentes cada 6 meses. Abelardo de la Aspriella se enfrentará a una oposición recalcitrante desde el senado, manejada por el propio Cepeda. En los dos casos, estos triunfos no deben perder de vista que el electorado es emocional, y juzga con rigor el comportamiento de sus mandatarios. Es menester, evitar el regreso del mapa rojo. (O)





