Defino al patholiberalismo, como una racionalidad política, económica y cultural en la que su condición de funcionamiento es la producción estructural del sufrimiento. Es decir, el capitalismo contemporáneo necesita de individuos enfermos pero funcionales, suficientemente incapacitados para proponer cambios cualitativos en el sistema, y al mismo tiempo, suficientemente capacitados para seguir sosteniendo el sistema en calidad de trabajadores y consumidores. A diferencia del necroliberalismo que administraría las condiciones de muerte, el patholiberalismo establece una una economía política del padecimiento que administra el deterioro progresivo de las condiciones para la reproducción de la vida en todos los ámbitos, mientras mejora las condiciones de acumulación del capital. Por supuesto esto desemboca una concepción de la crisis, la enfermedad, la precariedad, la violencia, la corrupción, la contaminación, la apatía, no como excepcionalidades sino como auténticas tecnologías de gobierno, y sus formas de alivio, como las promesas del mercado, como mercancías disponibles según las capacidades y necesidades estrictamente individuales. Estas tecnologías harían parte de un sistema de degradación o de erosión de capacidades civilizatorias construidas históricamente y que inician con la filosofía o el pensamiento negativo, y terminan en la tecnología. De por medio se manifiesta una suerte de tecnoregresionismo afincado, por paradójico que suene, en los dogmas positivistas y desarrollistas. (O)




