En latín se escribe candidatus que, literalmente, significa “el que viste de blanco” o “puro”. En la antigua Roma, quienes aspiraban a ocupar un cargo público, como el senado o las magistraturas, solían recorrer el Foro romano vistiendo una toga blanca, blanqueada con tiza, conocida como toga cándida. El propósito de esta vestimenta era simbolizar la pureza e inocencia de sus intenciones, así como su honestidad y transparencia ante los electores.
La política moderna y los políticos actuales, usualmente, son muy diferentes de los que conocimos antaño en nuestra Cuenca. En primer lugar, se trataba de un gran honor el representar a la Atenas ecuatoriana; en segundo lugar, implicaba estar preparado para ejercer las altas funciones que le distinguían, a nivel nacional, por el nivel de urbe educada de donde provenía, el vocabulario, la vestimenta, la vocación de servicio, idóneo y competente, para la realización de la tarea encomendada por el electorado -como mandante- y, la forma moral y respetuosa que debía poseer el seleccionado para alcanzar los más altos encargos en la ejecución de sus propósitos, que siempre hacen relación al servicio al pueblo que lo eligió.
El político, debe poseer integridad, honestidad, un buen sentido de responsabilidad, capacidad de liderazgo, compromiso con el bien común y un sólido conocimiento de la realidad social, económica y política. Debe tener empatía y capacidad de escucha, cualidades fundamentales para representar a la ciudadanía.
El correr del tiempo gestó modificaciones, así el caso del presidente de Ucrania, V. Zelenskyy quien, por comandar la guerra con Rusia, se presentó siempre con traje militar y modificó la elegancia y respeto por cargos de alta esfera como son presidencias, ministerios, etc., cuyos representantes, hoy, han olvidado de la elegancia protocolaria y visten de jean, camiseta y zapatos deportivos, informalidad aún en eventos solemnes, dado el alto nivel de su representatividad.
Por otro lado, desde hace tiempo, encontramos serios conflictos en el manejo de los recursos públicos destinados a fiestas y bailes, a campañas políticas de año entero de quienes buscan la reelección, piponazgo en las entidades infladas de burocracia innecesaria, cayendo en el delito de peculado. Hoy, existe una verdadera feria de candidatos, por docenas, sin formación ni ideología política y, como resultado de esto, tenemos lo que vivimos diariamente. ¿HASTA QUÉ PUNTO SOMOS RESPONSABLES? (O)





