Querido donante, jamás olvidaré esta fecha tan especial para mí”. Jorge Carpio Torres escribió estas palabras en un papel tipo cartulina el 16 de junio de 2026, pocas horas después de recibir el regalo que había esperado durante cuatro años: un riñón.
Es un órgano desconocido, proveniente de una persona cuya identidad nunca sabrá, pero que desde entonces lleva dentro de sí.
“Cada día que despierto pienso en ti. No sé cómo agradecerte por este riñón que vive en mí”, escribió Jorge.
No hay metáfora en sus palabras. Para Jorge, de 39 años, ese órgano significa literalmente una nueva oportunidad de vida.
Una enfermedad que cambió su vida
Antes de la enfermedad renal, la vida de Jorge transcurría con aparente normalidad. Trabajaba en el transporte y, como tantas personas, atribuía sus frecuentes dolores de cabeza al estrés. Tomaba una pastilla y continuaba con su rutina.
No imaginaba que detrás de aquellas molestias había hipertensión arterial, una condición que avanzaba día tras día.
Hasta que llegó el límite.
Un derrame cerebral llevó a los médicos a descubrir que sus riñones habían dejado de funcionar adecuadamente.
La noticia lo golpeó. “Me deprimí mucho”, recuerda. No sabía qué era una diálisis ni cuánto iba a cambiar su existencia.
Pronto descubrió que su vida quedaría marcada por una máquina y por horarios que ya no podía elegir. Al principio debía viajar a Cuenca para recibir tratamiento. Después pudo realizar la diálisis peritoneal en su domicilio.
Cada tarde, alrededor de las seis, debía conectarse. Durante 12 horas, la máquina se convertía en una condición indispensable para continuar viviendo al día siguiente.
Las reuniones familiares, el trabajo y los momentos cotidianos quedaron relegados por la enfermedad.
“Yo quería volver a mi vida normal”, dice.
El doctor Patricio Martínez, cirujano de trasplante renal y hepático que operó a Jorge, explica que el trasplante renal está indicado principalmente para pacientes con enfermedad renal crónica terminal, en etapa cinco.
Las causas pueden ser diversas, entre ellas la diabetes y la hipertensión. En el caso de Jorge, esta última tuvo un papel determinante.
El largo camino hacia un trasplante renal

Llegar a un trasplante renal tampoco es sencillo.
El paciente debe atravesar un protocolo que incluye valoraciones de cardiología, neumología, nefrología, urología, endocrinología, neurología y otras especialidades.
Solo después de completar esas evaluaciones, el caso llega a un comité que determina si está en condiciones de ingresar a la lista única nacional de trasplantes.
Entonces comienza otra espera: una en la que la esperanza depende también de que exista un donante compatible.
Martínez explica que, cuando aparece un órgano procedente de un donante fallecido, se estudian factores como el grupo sanguíneo y la compatibilidad inmunológica.
Entre las pruebas fundamentales está el crossmatch, que permite identificar si existen anticuerpos capaces de reaccionar contra el órgano. El objetivo es seleccionar al receptor con mejores condiciones de compatibilidad y reducir el riesgo de rechazo.
Para Jorge hubo tres llamadas antes de la definitiva.
Tres oportunidades que terminaron en un resultado negativo. El riñón no era compatible.
La cuarta llamada llegó mientras hacía unos trámites en el centro de Cuenca. Le dijeron que acudiera inmediatamente al Hospital “José Carrasco Arteaga”, del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), porque posiblemente había un donante.
“Yo dije, al fin Dios me escuchó”.
El día que recibió el riñón
El 16 de junio, a las 11 de la noche, Jorge entró al quirófano.
Tenía miedo. Sabía que un trasplante renal es una cirugía compleja. Decidió, sin embargo, dejar ese temor en manos de su fe en la Virgen de El Cisne y el Señor de los Milagros, patrono de la parroquia Quingeo, en el sureste de Cuenca, de donde es originario.
La intervención de un trasplante renal puede durar entre dos y cuatro horas, señala el doctor Martínez.
En ella intervienen numerosos profesionales y son decisivos factores como la adecuada procuración del órgano, el tiempo que permanece preservado antes de ser implantado, las condiciones del receptor y la preparación del equipo médico.
Cuando el nuevo riñón recibe nuevamente flujo sanguíneo, una de las primeras señales de que está funcionando es la producción de orina.
Después, los médicos vigilan la evolución de la creatinina, la urea y otros parámetros que permiten valorar la función renal.
Jorge despertó y escuchó que la cirugía había sido un éxito.
“Al fin, con un nuevo riñón”.
Una nueva vida después del trasplante
Casi dos meses después, todavía habla de aquel momento con asombro.
Una de sus primeras alegrías fue volver a comer alimentos que durante la diálisis debía restringir. Pero la verdadera transformación ocurrió en otro lugar.
“Ahora disfruto más con mi familia, con mis seres queridos y con todo el mundo”.
Durante los cuatro años de enfermedad, su esposa, Betsy, y sus tres hijos fueron su refugio.
Emily, Edinson y Narcisa lo vieron atravesar días de cansancio, tristeza y desesperanza. Hubo momentos en que Jorge sintió que ya no podía continuar. Ellos permanecieron allí.
“Ellos siempre estuvieron apoyándome, siempre me motivaban”.
Ahora Jorge mira hacia atrás y entiende que la enfermedad también modificó su manera de mirar la vida.
Ya no piensa primero en lo material. Piensa en su familia, en cuidar su salud y en agradecer cada mañana.
“Cuando me levanto, doy gracias a Dios por un día más de vida”.
Vivir con un riñón trasplantado
El riñón que recibió no es una cura que permita olvidar la enfermedad. Es una responsabilidad que deberá acompañarlo durante toda su vida.
Martínez explica que Jorge tendrá que tomar medicamentos inmunosupresores de manera permanente para disminuir el riesgo de rechazo.
Los controles con nefrología serán frecuentes, especialmente durante el primer año, y cualquier signo de infección, disminución de la orina u otro síntoma debe ser atendido de inmediato.
Pero el trasplante ofrece algo que ninguna máquina puede entregar del mismo modo: la posibilidad de recuperar una vida más cercana a la normalidad.
“Trasplantar a un paciente es devolverle nuevamente su calidad de vida, no solo a él, sino a todo el núcleo familiar”, sostiene Martínez.
Jorge lo sabe.
Por eso piensa también en quien hizo posible este comienzo. Nunca conocerá su nombre. La identidad del donante permanece bajo reserva.
Aun así, cada mañana recuerda a esa persona.
“Para mí él es un héroe”.
El agradecimiento de un receptor a su donante

Quizá por eso aquella cartulina no termina con una promesa de olvidar el pasado. Termina con una decisión: vivir al máximo.
Jorge recibió un riñón después de cuatro años de espera, pero también recibió una nueva oportunidad para estar con su esposa, sus hijos y sus seres queridos.
Su historia muestra la dimensión humana de la donación de órganos: detrás de cada trasplante hay un paciente que espera, una familia que acompaña, un equipo médico que trabaja y un donante cuya decisión puede cambiar para siempre la vida de otra persona.
Para Jorge, aquel 16 de junio de 2026 quedó marcado para siempre.
“Querido donante, jamás olvidaré esta fecha tan especial para mí”. (I)
VIDEO: El emotivo mensaje que deja Jorge Carpio
Azuay registra 70,53 % de aceptación a la donación de órganos, por encima del promedio nacional
Azuay registra uno de los indicadores más favorables de Ecuador frente a la donación de órganos y tejidos. Según Mario Herrera, director ejecutivo del Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células (INDOT), de los 764.656 registros existentes en la provincia, 539.334 ciudadanos mantienen una condición favorable a la donación, equivalente al 70,53 %.
Este porcentaje supera en 16,25 puntos porcentuales el promedio nacional, lo que ubica a Azuay entre las provincias con mayor aceptación hacia la donación de órganos y tejidos.
Más de 2.400 personas esperan un trasplante en Ecuador
Herrera señaló que el indicador de Azuay cobra especial relevancia frente a la demanda nacional de trasplantes. Al 4 de agosto de 2026, 2.482 personas integraban la Lista de Espera Única Nacional.
De este grupo, 1.355 personas requieren un trasplante renal, mientras que 1.096 necesitan un trasplante de córnea.
Desde 2007 hasta julio de 2026, Ecuador ha realizado más de 10.000 trasplantes de órganos, tejidos y células, según información proporcionada por el INDOT.
Universidad del Azuay impulsa formación sobre donación
En Azuay, el INDOT fortalece su trabajo territorial mediante un convenio con la Universidad del Azuay. La iniciativa contempla procesos de formación en procuración dirigidos a estudiantes y docentes de Medicina.
El proyecto también incluye la preparación de voceros estudiantiles, campañas de sensibilización como #YoSoyDonante y estudios para conocer la percepción de los jóvenes frente a la donación de órganos y tejidos.
Estas acciones buscan fortalecer el conocimiento sobre el proceso de donación y promover una participación informada de la ciudadanía.
Cuenca fortalece las acciones de trasplante y donación
Cuenca también cumple un papel relevante en este ámbito por la presencia del hospital José Carrasco Arteaga, acreditado para desarrollar actividad trasplantológica.
A estas acciones se suman procesos de capacitación y sensibilización desarrollados junto con el IESS, Registro Civil, universidades y establecimientos de salud, con el objetivo de fortalecer la cultura de donación en la provincia.
INDOT pide conversar en familia sobre la decisión de donar
Herrera remarcó que la decisión de convertirse en donante debe ser informada y comunicada previamente a la familia.
Aunque la voluntad de donar queda registrada oficialmente en el Registro Civil, conversar con los familiares sobre esta decisión puede facilitar que sea comprendida y respetada cuando llegue el momento.
El fortalecimiento de la cultura de donación de órganos en Azuay representa un aporte para atender la demanda de trasplantes existente en Ecuador y brindar nuevas oportunidades de vida a las personas que permanecen en lista de espera. (I)
Donación de órganos en Ecuador: más de 1,3 millones de personas registraron su voluntad entre 2024 y 2025
Entre 2024 y 2025, un total de 1’324.381 personas registraron su condición de donantes de órganos en Ecuador, según información proporcionada por Ottón Rivadeneira González, director general del Registro Civil, Identificación y Cedulación.
De acuerdo con los datos, 727.824 personas registraron su voluntad de donar órganos en 2024, mientras que en 2025 la cifra alcanzó los 596.557 registros.
¿Cómo se registra la condición de donante de órganos?
Ottón Rivadeneira explicó que el Registro Civil consulta a los ciudadanos mayores de 18 años sobre su voluntad de donar órganos durante el proceso de identificación.
La respuesta proporcionada por cada ciudadano queda almacenada en el sistema. Una vez que los datos son validados, la condición registrada se refleja en el documento de identidad.
Este mecanismo permite que los ciudadanos mayores de edad expresen formalmente su voluntad respecto a la donación de órganos en Ecuador durante los trámites de identificación.
Pichincha lidera los registros de donantes de órganos
Entre 2024 y 2025, Pichincha concentra la mayor cantidad de registros de donantes de órganos, con un total de 430.722 personas.
Le siguen:
- Azuay: 120.965 registros.
- Tungurahua: 103.920 registros.
Los datos reflejan la cantidad de personas que registraron su condición de donantes durante el período señalado. (I)

Jorge Carpio Torres contempla la imagen de la Virgen de El Cisne, a quien encomendó su fe antes de recibir el trasplante renal. / Xavier Caivinagua A.









