En materia de servicios públicos, más todavía si se trata del suministro de energía eléctrica, lo que menos que puede existir es incertidumbre y especulación.
La proximidad del estiaje, es decir la falta de lluvias, especialmente en las regiones donde se ubican las centrales hidroeléctricas, debe llevar a que el gobierno tome los debidos y oportunos recaudos.
Durante ese periodo, la producción de energía hidroeléctrica suele llegar a extremos que ahora nadie desearía, porque las consecuencias son desastrosas.
Según el viceministro de Electricidad, Javier Medina, el estiaje comenzaría el próximo mes, prolongándose hasta marzo de 2027.
Son las hidroeléctricas las que más producen energía: representan algo más del 75 %. La diferencia proviene de la generación termoeléctrica, eólica, y de la comprada a Colombia.
Si como producto del estiaje la generación hidroeléctrica decae, lo que es más probable, la que producen las otras debe ser potenciada, en especial la térmica, y por qué no, desde ya gestionar la compra de más megavatios a Colombia.
Esto último también estará supeditado a la afectación que tenga aquel vecino país por el fenómeno de El Niño.
Los informes difundidos en estas últimas semanas por el Operador Nacional de Electricidad (Cenace) no son para nada alentadores, si bien altos funcionarios del gobierno han tratado de minimizarlos.
La incorporación de más megavatios, como ofrecieron las autoridades del sector eléctrico, no parece haberse cumplido según lo establecido en el plan de expansión.
Hay retrasos considerables en el alquiler de nueva generación termoeléctrica, como también problemas para renovar otros.
Tan complejo problema no ocurrió ayer; al contrario, viene desde hacía varios años, por lo que nada justificaría que el país funcione a merced de su comportamiento.
El gobierno siempre ha tranquilizado el país, señalando que no habrá suspensión del servicio. Aún vale creerlo. (O)






