Agosto solía ser el mes de vacaciones. Hoy los tiempos han cambiado y los calendarios se ajustan a las nuevas tendencias, al punto de obligarnos a adelantar, como si fueran elecciones, las compras de útiles y uniformes, libros y mochilas para llegar de manera decente al primer día de clase. Sin embargo, esta historia no es la misma para miles de familias cuyos niños y adolescentes no volverán a las aulas.
Las cifras obligan a mirar más allá de la algarabía del regreso a clases. Según Lupa Media, con datos del Ministerio de Educación, durante el ciclo 2023-2024 72.644 estudiantes abandonaron el sistema educativo. La tasa de abandono ha disminuido hasta el 1,75%, pero también disminuye la matrícula. Es decir, el problema no está solamente en quienes abandonan las aulas, sino también en quienes ni siquiera llegan a ellas.
UNICEF advierte, además, que 295 mil niñas, niños y adolescentes están fuera del sistema educativo. No es un dato menor para un país que intenta contener una crisis de violencia que tiene entre sus víctimas y también entre sus reclutados a niños cada vez más jóvenes. Estar fuera de la escuela significa quedar expuesto a condiciones de pobreza, trabajo infantil, violencia y reclutamiento criminal. La delincuencia encuentra terreno fértil allí donde desaparecen las oportunidades de seguir alcanzando sueños a través de la educación.
Por eso, el primer paso de una política de seguridad debería ser recuperar a quienes están fuera de las aulas y evitar que otros las abandonen. El propio Ministerio de Educación reconoce la dimensión del desafío: a través de la estrategia Todos al Aula reportó la reinserción de 92.448 personas al sistema educativo hasta julio de 2025. Es un esfuerzo importante, pero también una evidencia del tamaño del problema. No alcanza con poner policías y ahora militares en las calles cuando todavía tenemos niños fuera de los colegios. Una política de seguridad que comienza cuando un adolescente ya sostiene un arma llega demasiado tarde.
Las primeras políticas de prevención de la violencia, de protección social y de desarrollo comienzan en el aula de clase. Antes que llenar las calles de militares, el Estado debería asegurarse de llenar las aulas de estudiantes. Muchas veces la política pública más eficaz comienza con algo tan elemental como un lápiz, un cuaderno y una mochila llena de sueños por alcanzar. (O)
@avilanieto









