Botín

El IESS es una institución creada e ideada para brindar seguridad social, como su mismo nombre lo indica. Es la que intenta, dentro de los conceptos y realidad, dar al trabajador, seguridad y ayuda en los momentos más difíciles como son enfermedad y vejez, que dejó su vida en el esfuerzo de vivir. La jubilación es para muchos la tabla de salvación y tranquilidad en sus últimos días, que por lo general y así lo dice la existencia misma, es llena de enfermedades y problemas serios, difíciles y en muchos casos imposibles de solucionar solos.

En el fatídico mandato de Correa, se eliminó por su omnímodo parecer y decreto, el aporte estatal fijo del 40 % para las pensiones del IESS, cosa que casi quebró al instituto y perdió, según estudios, la friolera de 6.269 millones de dólares, que se ocuparon en otras cosas entre ellas demagogia de su banda.

Hoy existe desabastecimiento de medicinas de una forma lamentable y terrible, lo que obliga a los enfermos a comprar la medicación recetada por los colegas, que no existen en las boticas del IESS, en farmacias privadas, la mayoría de ellas alrededor de los hospitales institucionales. Lo que más llama a la indignación, es que estos fármacos se expenden con sello y número de lote del IESS con el mayor desparpajo, lo que demuestra, también por hechura del prófugo belga, que nombró en mandos medios y con propósito, una banda fatídica de la revolución ciudadana, que organizaron toda una red de corrupción, lucrando sin pena de los pobres enfermos y jubilados, que dejaron su vida en el trabajo diario y que se ganaron la solidaridad social del IESS.

Esta tragedia no solo sucede en consulta externa y fármacos ambulatorios. Los quirófanos se ven desabastecidos al igual que cuidados intensivos y emergencia, lo que cruza de brazos a los médicos imposibilitados de obrar en sus respectivas especialidades. Es admirable en ellos, la resignación, al no poder hacer mayor cosa, claro, ante el desbarajuste, corrupción y falta de los más básico en sus prácticas hospitalarias. En alimentos y dietas, siempre los enfermos se quejan también, tristemente.

Si es menester, deberíamos pedir al gobierno y a los dirigentes, del instituto, que trabajen en una reorganización efectiva y solidaria por el bien social y que coloquemos al noble instituto en el sitial que deberá tener como pilar fundamental del buen vivir del país y ciudadanía. (O)

Dr. Aurelio Maldonado

Dr. Aurelio Maldonado

Médico otorrinolaringólogo. Profesor universitario. Presidente de varias instituciones y de Congresos. Escritor.