DE HISTORIA EN HISTORIA
Siendo un término griego que significa “gobierno de las cortesanas”, se aplicaba a hombres o mujeres que, gracias a su relación con un gobernante, establecían sus propias redes políticas hasta el punto de superar, e incluso sobrevivir, al propio gobernante.
La palabra “pornocracia” fue usada por los historiadores protestantes para definir al siglo X como el período más oscuro de la iglesia de Roma. Sus tesis se inspiraron en las crónicas de Luitprando, obispo de Cremona, que vivió en la época en la que Roma estaba controlada por dos mujeres: Teodora y Marozia. La primera era esposa del senador romano Teofilacto I, y la segunda, su hija. Luitprando estaba en contra del poder que ejercían ellas sobre el Papado.
Madre e hija no eran simples cortesanas, pertenecían a una de las familias más poderosas de la aristocracia romana. Teofilacto I era el general de las mesnadas papales -grupos de gente armada que servían bajo el mando de un rey o un hombre rico- y junto con su esposa decidieron entregar a su hija al Papa Sergio III.
La moral eclesiástica durante aquel siglo estaba muy lejos de parecerse a la de hoy en día. Era común que los obispos fundasen sus propias dinastías a pesar del veto al matrimonio. La mejor manera que la nobleza romana ideó para controlar al pontífice era, literalmente, durmiendo en su alcoba. Entre los años 800 y 900 los Papas eran peones al servicio de los nobles romanos y Sergio III nunca hubiese resultado electo sin el apoyo del conde Alberico I, esposo de Marozia, y el padre de ella. Marozia fue amante de Sergio III hasta su muerte en el año 911. Luego del paso de dos papas ancianos fue electo Juan X, un cura opuesto a las intenciones de madre e hija. Marozia urdió su asesinato y, por ese motivo, Luitprando no dudó en defenestrarla para la posteridad.
El inicio de la decadencia de Marozia fue la elección papal de su propio hijo Juan -único fruto de su unión con Sergio III- quien pasaría a la historia como Juan XI. No obstante, su primer hijo Alberico, fruto de su primer matrimonio, se sintió traicionado por partida doble cuando su hermanastro fue coronado Papa y su madre volvió a casarse con Hugo de Provenza. Indignado, decidió acabar con la “pornocracia”.
Mientras su mamá y su padrastro planeaban ser coronados emperadores del Sacro Imperio Romano por el papa Juan XI, él sublevó al pueblo en contra de ellos.
Marozia abandonó para siempre Roma en el año 932. Alberico encarceló a su hermanastro y nombró a León VII como pontífice. Y de un plumazo, la pornocracia desapareció y comenzó un renacimiento dentro de la Iglesia. (O)









