Los recientes sismos han causado preocupación entre muchos ciudadanos, y dentro de esto, una pregunta que suele aparecer después de cada movimiento de la tierra: ¿estamos realmente preparados para enfrentar una emergencia mayor?
La respuesta no es sencilla. Cuenca ha crecido de manera importante en las últimas décadas. Tenemos más edificios, más vehículos y una población cada vez más concentrada en zonas urbanas. Sin embargo, la preparación ciudadana no siempre avanza al mismo ritmo. Muchas personas desconocen las rutas de evacuación de su lugar de trabajo, no cuentan con un plan familiar de emergencia o simplemente creen que un desastre es algo lejano que ocurre en otras ciudades.
La prevención suele ser una de las tareas más olvidadas porque no produce resultados inmediatos. Es más fácil invertir tiempo en resolver los problemas del día a día que en prepararse para una situación que tal vez nunca ocurra. Pero la experiencia demuestra que los efectos de un desastre natural dependen tanto de la magnitud del evento como del nivel de preparación de la sociedad.
En una ciudad con un valioso patrimonio histórico y una amplia actividad económica, la planificación es una responsabilidad compartida. Las autoridades deben fortalecer los planes de respuesta y la evaluación de riesgos. Las instituciones educativas tienen que fomentar una cultura de prevención. Y los ciudadanos debemos asumir que la seguridad también comienza en casa.
Los simulacros, la información clara y la capacitación permanente no son una pérdida de tiempo. Son herramientas que pueden salvar vidas. (O)









