Los colores de la diplomacia

La política exterior busca ampliar sus formas de vincularse. Junto a la geopolítica, el comercio y la seguridad, existen otras dimensiones que también inciden en la manera en que los Estados proyectan sus intereses y construyen relaciones. Entre estas aproximaciones están las diplomacias naranja y violeta, centradas en temas de creciente importancia: la cultura y la igualdad.

La diplomacia naranja parte de que la creatividad genera vínculos sólidos. El arte, las industrias culturales y el talento de un país tienen valor económico y, a la vez, expresan identidades y proyectan una imagen al exterior. De acuerdo con la UNCTAD, las exportaciones de servicios creativos alcanzaron US$1,7 billones en el 2024. El intercambio cultural complementa los canales tradicionales de la diplomacia y favorece el entendimiento, incluso en contextos complejos.

La diplomacia violeta incorpora la perspectiva de género y la igualdad, promoviendo una mayor participación femenina en la negociación y toma de decisiones. Aunque vital para renovar la acción internacional, las brechas persisten: según el Women in Diplomacy Index, en el 2025 las mujeres ocupaban el 22,5 % de los puestos de embajadoras a nivel global.

Este panorama plantea una pregunta: ¿cómo hacer que la política exterior refleje mejor a las sociedades que la sostienen?

En un escenario internacional atravesado por tensiones, la cultura contribuye a acercar pueblos, mientras la incorporación de nuevas voces puede enriquecer la construcción de acuerdos. Uno de los desafíos de la diplomacia contemporánea es ampliar sus herramientas sin perder de vista su propósito esencial: entender al otro. (O)

Martín López

Martín López

Doctor en Jurisprudencia y Técnico en Administración de Empresas. Actualmente diplomático de carrera del Servicio Exterior.