De ser un don nadie, de pronto te encuentras con un trozo de poder; mejor si es el del poder político.
Entonces te agitas, te salen los ojos, te vanaglorias como el chivo que viéndose la barba en el estanque cristalino grita, alborozado: soy el rey de la selva, aunque en la selva no paste.
Peor si la suerte te lleva al lado de quien ganó el poder por voluntad popular, aunque no sea por voluntad misma de la masa, sino como escape para sus emociones, rabia, desesperanza.
Entonces ya eres otro. No importa si eres alto, pequeño, flaco o regordete. Si eres bajo, para ti en buena hora porque puedes suplir los centímetros que te faltan con la talla que otorga el poder. Y no repitas eso de que los mejores perfumes vienen en envases pequeños. El veneno también viene en frascos chiquitos y sin fecha de caducidad.
Tienes el poder, y punto. Te inflas como la rana. Remedas la marcha del pavo real, olvidando que apenas calzas botines número 30. Cambias la manera de caminar, de mirar, de sentir, como el obrerito que, por informante, pero con dotes de malvado, es catapultado a capataz.
Ah, ni qué decir si te dan poder para controlar a las masas. Ya solo basta vestirte a lo Hitler, Pinochet, Videla, Chávez, Maduro, Ortega…
Entonces has alcanzado el poder por el poder. Tienes todo el poder sobre una de las fuerzas coercitivas del Estado, creada para dar seguridad a las masas. Su regla es obedecer, solamente obedecer.
Sacas, entonces, tus genes de perverso, de diabólico, de macho dominante. Si no es por tus genes, lo es por la locura que genera el poder, por la pasión enfermiza para satisfacer al todopoderoso que te dio poder; para ayudar a sostenerlo, a que nadie ose hablar mal de su reino, así sea un reino ruin. Y en un reino ruin, tarde o temprano todo queda en ruinas.
Embebido y enloquecido te es fácil acomodar comandantes, armar centros de espionaje, de tortura, de agentes encubiertos para espiar a enemigos, rivales, y si no los hay, crearlos; para acallar voces discordantes, para secuestrar, no importa si es en otro país; para montar pruebas, para declarar marido y mujer a los mafiosos; para traer opositores encadenados de pies y manos; para declarar emergencias a fin de comprar hasta interiores para caballos, perros, además, carros de tabla.
Tarde te darás cuenta, si es que aún te queda alguna neurona, de que el reino ruin se cae. Ahora, ya despellejado, tus engendros dicen que no te conocen, te declaran traidor. Tu cabeza, tu alma, si es que la tuviste, deben ser remolinos sin fondo.
No tendrás coraje para lamerte las heridas. Entenderás que aquí mismo se superponen cielo e infierno.
Atentamente…(O)




